dimecres, 31 de desembre de 2008

LA ÚLTIMA ESPERA



Llego con antelación a la estación, cosa rara. Compro el billete en el bar (así matan dos pájaros de un tiro, barman, taquillero y un solo sueldo), le pregunto al maromo sobre un abono mensual. De paso le pido una cerveza, ya puestos. Para hacer tiempo, abro el macuto para seguir leyendo una biografía de Gary Cooper, pero me lo he olvidado encima de la cama de casa. No pasa nada, seguro que tengo otra cosa para leer. Encuentro el historial militar de mi bisabuelo, que mi madre sacó del archivo militar de Salamanca un día que se pasó por allí. Lo dejo para después, lo leeré dentro del tren. Me acabo la cerveza y salgo al andén, que en el bar ponen vídeos de los 40 principales y dan un poco de asco. Vuelvo a abrir el macuto y saco un libro de poemas de Joan Margarit.
El tren ya debería haber hecho su aparición.
Leo un poco, pero con mi dispersión habitual no acabo de concentrarme en la lectura, y dejo el libro entreabierto en el banco donde estoy sentado.
Pienso en sobre qué escribir en el próximo post.
El tren sigue sin dar señales de vida.
Miro a ver si tengo una libretita para escribir una idea que me ronda por la cabeza, pero me la he olvidado en casa.
Levanto la cabeza, ninguna luz que se acerca es la del tren.
Me fijo en la gente, pero no hay nadie que destaque por alguna razón. Me estoy meando, pero me acuerdo del otro día, que entré en un lavabo de no sé qué estación y el que estaba en el urinario de al lado se estaba haciendo una paja, así que me aguanto un rato.
Y el tren que no llega.
Y ya me estoy hartando.
Es entonces que recuerdo la solución mágica: enciendo un cigarro.
“Ya verás como ahora viene y lo tengo que apagar. Nunca falla”.
Flash. Efectivamente, a la tercera calada aparece, a lo lejos, el tren que se acerca.
“Joder! ¿No podía haberse esperado un par de minutos más y dejarme fumar tranquilamente?”, me quejo para mis adentros mientras recojo, me levanto del banco y apago el cigarro.
Si es que uno no está nunca contento, caramba.

Pd: Lo del cigarro y el tren que llega es mentira. Con la Renfe, falla hasta la ley de Murphy. BON ANY A TOTHOM!

dimarts, 30 de desembre de 2008

TINIEBLAS




Son días oscuros
Tristes
Las nubes permanecen
En reposo
En remojo
La gata en medio
Y no veo nada

Salgo al balcón
Todo son tinieblas
La lluvia y el frío
Entran en mí
La gata sigue estando en medio
Y aún veo menos

Sin embargo,
-Aún puedo pagar-
percibo una luz
A lo lejos


Aunque llegue el invierno
Hacia allí voy

Gordon McLight, poeta escocés (1897-1936).

dimecres, 24 de desembre de 2008

ZAPATOS



Trad:
¡Qué buena compra que he hecho! Es que hay unos cuantos, como el Bush...

Y para quien quiera practicar el tiro de zapato, María (la novia de mi novio) me ha enviado esta chorrada: http://www.zappingmcsaatchi.com/xmas/emailing/ .

Bon Nadal a tothom.

dimarts, 23 de desembre de 2008

LOS CALCETINES DE ARIADNA



Ariadna era una niña muy introvertida, desde que tuvo uso de razón. Apenas hablaba, no tenía amigos y en los juegos de la escuela se quedaba en un rincón, debajo del limonero que había al lado de la fuente. Se quedaba mirando cómo caía el agua e iba formando círculos antes de ir desapareciendo por el desagüe. Los niños la dejaban en paz, entre otras cosas porque no comprendían su peculiar carácter. En clase no abría la boca: a duras penas respondía cuando la maestra, intentando espabilarla, le formulaba preguntas. Sin embargo, eso no era obstáculo para que Ariadna sacara buenas notas. De hecho, era la mejor de la clase con diferencia.
Sus padres estaban muy preocupados con su actitud. No se quejaba nunca, no daba signos de alegría, pero tampoco de tristeza. En el jardín de su casa había otro limonero, y allí se sentaba Ariadna, esta vez mirando absorta Le hicieron un hermanito para ver si así espabilaba. Pues no. Le compraron animales, perro, gato, hasta un loro. Tampoco. La llevaron a numerosos especialistas, pero ninguno atinó a saber exactamente qué tenía la niña.
Así iba pasando el tiempo, y Ariadna continuaba refugiada en el limonero y en sí misma.
Una tarde estaba como siempre, acurrucada bajo el árbol, sumida en sus pensamientos. El fuerte viento que hacía le envió dos calcetines a sus pies. Eran largos, de los que llegan hasta las rodillas, con miles de rayas horizontales de todos los colores. Ariadna, sin saber porqué, sonrió. Se quitó los zapatos, los calcetines grises que llevaba puestos y se los cambió por los nuevos que habían aparecido ante ella como por arte de magia.
En su cara se dibujó una inmensa sonrisa. De repente, le entró tal sopor que allí mismo, bajo el limonero, se durmió profundamente.
Y soñó que volaba, que le crecían unas alas enormes, y veía desde lo alto cómo se alejaba de su pueblo, de su casa, de la escuela, y pasaba planeando rozando el campanario de la iglesia mientras las campanas repicaban con fuerza, como si saludaran a la nueva Ariadna voladora. Y se iba alejando inexorablemente, y cruzó mares y océanos, rojos desiertos, frondosas junglas, y los pájaros se unían a ella en su viaje sin fin, y sobrevoló palacios, ciudades exóticas, y se hizo amiga de las nubes, y su sonrisa cada vez era mayor.
Cuando despertó, se sintió muy feliz. Se levantó y soltó una carcajada que resonó en toda la calle.
El problema que Ariadna tenía, simplemente, era que no había soñado nunca.
A partir de entonces, jamás volvió a dormir sin sus nuevos calcetines.

dilluns, 22 de desembre de 2008

VIVA STALIN




Me gusta ir en tren. Tiene muchas ventajas, para mi gusto:
1. Puedes mirar las formas de las nubes.
Puedes leer.
2. Puedes dormirte sin miedo a tener un accidente (aunque te puedes pasar de estación, como me ocurrió el domingo por la mañana después de una noche tonta).
3. No estás pendiente de si te van a parar los Mossos, omnipresentes en la carretera.
4. Puedes observar a la gente.
Esto último tiene su punto divertido en muchas ocasiones.
Estaba yo casi llegando a mi destino, quedaban dos o tres paradas. A mi lado se encontraba una familia de magrebís: el marido, la madre con su pañuelo en la cabeza, la hija de unos ocho años y la suegra (no sé si de él o de ella) y un par de maletas voluminosas que medio obstruían el pasillo. Me preguntaba si hablarían en darija o en tamasigh*.
Ya me estaba quedando medio frito cuando en una parada subió un anciano. Era diminuto, caminaba con un bastón a duras penas y llevaba una americana del mismo azul que los porteros de las fábricas, un azul tirando a chillón. También se había puesto una gorra americana, de béisbol, del mismo color que la chaqueta. Pasó ante mí, dándome la espalda, y se sentó unos asientos más allá.
Olé sus cojones, pensé, tan mayor y yendo en tren solo.
Al cabo de muy poco tiempo se levantó y se dirigió a la puerta, para bajarse en la siguiente parada. Entonces vi la inscripción que llevaba escrita en la gorra.
En letras grandes ponía:
VIVA STALIN.
¡Coño! ¿Viva Stalin? Me quedé muy sorprendido, la verdad. Pensé que este hombre sería un nostálgico de los tiempos en que el comunismo soviético tenía buena prensa, hasta que se conocieron las barbaridades que ordenó cometer el tío Josif. Me extrañó que llevara este tipo de gorra, ya que no creo que se llevaran en sus tiempos de juventud. Quizás se la trajeran de Cuba… Y por cierto, ¿por qué era azul, y no roja?
Pero el tío allí, en medio del tren, todo ufano con su gorra, su bastón y su americana, mientras movía la boca, como si murmurara, como hacen las personas mayores a las que se les mueve la dentadura postiza. Intenté hacerle una foto con el teléfono, pero como es nuevo y aún no lo pillo bien, no me dio tiempo, pasó ante mí y ya no pude hacerla.
Paró el tren, se bajó a duras penas y se alejó despacito por el andén.

Pues no sé… No sé qué tendrá Stalin, pero dudo mucho que a alguien se le ocurra ir por el mundo con una gorra donde ponga “Viva Hitler”.
Por compararlo con alguien coetáneo con el dictador rojo, digno de él.

* En Marruecos la lengua más hablada es el darija, que es una variante coloquial del árabe clásico. Éste sólo se usa escrito, y en los medios oficiales, como la televisión. El tamasigh (del pueblo amazigh) es el idioma que hablan los bereberes, la gente del Rif y del Atlas. El gobierno marroquí realiza hacia ellos un ejercicio de opresión sistemático, ya que poseen una cultura muy diferente de la oficial, son muy independientes, y ya se sabe que el primer paso es eliminar las señas de identidad de un pueblo (¿a qué me suena esto?), como la lengua. Todo empezó cuando a Hassan II lo recibieron a pedradas cuando hizo una visita al Rif, según me contaron... Pero esa es otra historia.

divendres, 19 de desembre de 2008

BON DANAL (Feliz Nadivad)


Trad:

- VAMOS O QUÉ?

- No. Este año no me va bien. Da recuerdos a todos.

- La crisis, tío. Además, para un año que no pillen no creo que se mueran...

- Ve tú, que lo tienes todo pagado, y no tienes vicios ni nada.


dijous, 18 de desembre de 2008

FRASES




Me topé con Armando en la estación de tren. Es cubano, aunque parece más bien dominicano, y músico, toca el trombón. Siempre va elegantísimo, para su gusto: para el mío, no. Abrigo negro, tejanos negros, zapatos de punta de pico de pato de charol brillantes, también negros, camisa negra, y supongo que, ya puestos, también gayumbos negros. Me resulta raro que un caribeño vaya vestido tan oscuro.
Mientras esperábamos la llegada de nuestros respectivos trenes, charlamos un poco de todo, menos del tiempo. Por una vez, el puto tiempo se quedó en casa.
Me contó que iba a tocar en un garito del Raval, en Barcelona, una sala de baile donde tocan música caribeña. Toca todos los jueves. Me extrañó que, para la hora que era (casi las ocho de la tarde, según el reloj de la estación), era muy pronto para hacer un concierto… Así se lo comenté. Armando me respondió que era una sala que cerraba a las diez de la noche, debido a los vecinos, y a las nuevas ordenanzas municipales, que se dedican a prohibir todo lo que no sea políticamente correcto (odio esta frase). Cada vez hay menos salas de baile y para hacer conciertos.
- Al final las pondrán en un centro comercial, ya verás,-le dije.
Entonces, solemnemente, dejó ir la frase :
- La gente no se divierte.
Cuánta razón tiene, este Armando…

dimecres, 17 de desembre de 2008

FALTA DE RIEGO


Por el Catipén, el programa de radio en el que estoy metido desde hace demasiado tiempo (mi novio me tiene prohibido que lo deje), ha pasado bastante gente. El Rafa, el Alfons, el Jordi…Unos duraron más, otros menos, otros aún continuamos dando la vara todos los lunes.
Si es que alguien nos escucha, claro.
Uno de los personajes que circuló por el programa era el Dolby. Le pusieron este mote porque, según oí una vez, fue de los primeros en su pueblo en tener un equipo de música estereofónico. Otra versión es porque tocaba la guitarra eléctrica, y muy bien, por cierto. Aunque, como era tan disperso, era incapaz de acabar una canción entera. Empezaba la melodía y a los dos minutos se ponía a hacer un solo y desvariaba y desvariaba, hasta que se hartaba.
El Dolby imitaba muy bien a mucha gente, sobretodo al Cruyff. El número de teléfono de su casa, anteriormente, era de una empresa que trabajaba para toda la península. Había muchos clientes que no se sabían el nuevo número, así que llamaban a su casa cada dos por tres. Harto, se compró un contestador, y cada semana cambiaba el mensaje, imitando al ex entrenador del Barça. Lo hacía tan bien que la voz empezó a correr, y llamaba gente de todo el Estado, únicamente para escuchar las burradas que decía.
Un día le comenté si quería participar en nuestro programa, y aceptó. Al principio aprovechábamos su presencia como Cruyff para hacer una mini-tertulia futbolística, pero no acababa de quedar bien la cosa; además pensábamos que él estaba un poco desaprovechado, que podía dar más de sí. Así que le dije que se preparara su propio espacio en el programa, como hacíamos los demás: el Manolo, mi novio (y María, la novia de mi novio) escribía el editorial y entrevistaba a quien le parecía; entre Jordi y yo hacíamos un espacio de westerns antiguos. Aparte, yo también escribía cuentos chorras y surrealistas. Y no sé qué más, ahora no recuerdo.
Pero el Dolby era incapaz de pensar ni prepararse nada, entre otras cosas porque lo suyo no era la escritura, precisamente.
Así que le dije:
- Ya se me ocurrirá algo, para ti.
Y se me ocurrió: pensé en hacerle una especie de test, parecido a estos que hacen los psicoanalistas y psiquiatras (y psicólogos), cuando te muestran dibujos y tienes que comentar qué te sugieren. Lo mismo, pero con palabras.
Escribí la presentación del espacio como si fuera un parte médico, imitando a un psiquiatra argentino, claro (se me da fatal imitar, pero después de mucho ensayar, aún me quedó bien):
“El Hospital de la Santa Compaña comunica que el pasiente en cuestión no sufre de problemas mentales, ni depresiones pasajeras, ni tampoco triquinosis múltiple. El pasiente en cuestión, simplemente, adolese de FALTA DE RIEGO. Así, sin más”.
Algo así, era.
Entonces poníamos música de concentración, solemne, apagábamos la luz del estudio y yo le decía, por ejemplo: TRUCULENTO. Siempre procuraba plantear palabras no habituales, ya que el Estéreo no destacaba precisamente por su amor a los libros, ni por su gran vocabulario. Y soltaba lo primero que le brotaba de su neurona (eso ya se lo decía él mismo), siempre una chorrada de lo más surrealista y monumental. Siempre. Así hasta diez o doce palabras.
Nos tirábamos por el suelo, de la risa. A veces yo no podía ni formularle la pregunta., de tanta lágrima caída.
Cuando se me ocurrió el título, se lo comenté:
- Oye, que tu espacio se va a titular "Falta de riego". ¿Te parece bien?
- ¡Ah, si, si, está de puta madre!

Al cabo de dos semanas, lo vi en el bar de costumbre y me gritó, medio en serio, medio en broma:
- ¡Tú eres un cabrón!


Tardó quince días en pillarlo.

dimarts, 16 de desembre de 2008

divendres, 12 de desembre de 2008

LOS PASTORCILLOS VAN PA BELÉN



En estos días que se acercan, tan blancos y luminosos, llenos de bondad, alegría y buenos deseos de la peña allá por donde va (también la policía. Llevan, en vez de porra, un ramo de hinojo, y la pistola dispara escupitajos de polvorón), y asimismo de felices reuniones familiares donde aparecen los buenos recuerdos y donde florecen las tradiciones más arraigadas que forman parte de nuestro ser y estar, qué menos que recordar historias y cuentos que hacen alegrarnos un poquito esta vida tan azarosa, intangible, incierta y carvegilística que llevamos.
Eso sí, ya que últimamente la tendencia actual (y no veo que la gente se queje mucho) es la de prohibirlo todo, ¿porqué no suprimen los villancicos de los cojones de las calles? Qué rabia dan, joder…
(Claro que igual entonces sonaría Phil Collins, y entonces serían unas nadivades donde habría una marabunta de suicidios por todas partes, el mío el primero. No sé, no sé, casi que mejor esperemos a que se ahoguen los peces en el río, y así se acaba la canción).
En fin, no empecemos a quejarnos, que es muy pronto.
Ahí va un mítico cuento tradicional nadiveño.

Érase una vez unos pastorcillos que se encontraban en la montaña, alrededor del fuego; habían cercado convenientemente el rebaño de ovejas, y estaban apretujados unos junto a otros, puesto que era noche cerrada, fría, típicamente nadiveña (y eso que en aquellos tiempos aún no existía la Nadivad…)
Habían empezado ya a entrar en calor, a comer choricillos, morcillas, foigrases, quesos de varios tipos, longanizas, fuetes y demás manjares que habían en la cesta que le tocó en una rifa a uno de ellos, además de unas ánforas de vino de Canaán cosecha -9 a.C., cuando de repente un inmenso resplandor surgió de entre una colina cercana, dirigiéndose rápidamente hacia ellos. Los pastorcillos se quedaron petrificados. Estaban jiñados, verdaderamente.
La intensa luz se detuvo encima de los árboles adyacentes a la hoguera, y se convirtió en un ángel. Con alas, claro.
Ante el pasmo pastoril, el ángel se arrancó diciendo:
- Hola qué tal comostamos, me llamo Ángel, Ángel Cristo, y estoy aquí no por nada, sino porque he venido a anunciaros que el Ninio Jesús ha nacido esta noche en el portal de Belén, y… Bueno, que tenéis que ir a adorarlo pero ya, si no el Señor va a pillar un cabreo de mil pares de cojones y ya sabéis de la mala leche que se gasta. Recordad el Álamo, digo, recordad el Diluvio y las Plagas de Egipto y tal.
Uno de los pastores, prudente él, iba a preguntarle: ¿Señor qué? ¿No tiene apellido?, pero se lo pensó dos veces.
Los pastorcillos, repuestos a duras penas de la sorpresa, le preguntaron a Ángel Cristo cómo podrían dirigirse a Belén, puesto que no estaban muy puestos en geografía. Cristo (Ángel) les indicó que sólo con seguir a la estrella fugaz que relucía en la noche ya tendrían suficiente, pero, si lo preferían, podían también coger la línea roja y parar en Belén, la estación anterior a Nazareth.
Y si no, que se compraran un GPS. No te jode, pensó, a ver si voy a ser yo la oficina de información.
El Ángel Cristo se esfumó, no sin antes recordar a los pastorcillos que debían llevar al Ninio Jesús unos presentes para adorarlo, que para eso era el hijo de Dios.
Decidieron emprender el viaje siguiendo a la estrella, pues no tenían sestercios para pagarse el abono del metro.
Junto con sus ovejas, los pastorcillos iniciaron el camino. Uno de ellos escogió como regalo un trozo de chorizo; otro, un palillo de cobre, ideal para quitar los restos de papilla de los dientes; otro, una invitación para ir a la misa del gallo del año 23 d.C.; otro, una piedra pómez de la época de Asurbanipal; otro, el más práctico, una oveja enferma de triquinosis; otro, más cachondo, un ejemplar del Private de Galilea, para que el ninio fuera aprendiendo ya de pequeño lo que es la vida; otro, un sujetador de la talla 90, por si le daba de mayor operarse… En fin, cada uno agudizó el ingenio como pudo, pues eran pobres y no podían acercarse a comprar nada en el Corte Hebreo.
El viaje transcurrió sin más sobresaltos que un apagón momentáneo de la estrella, momento de oscuridad que aprovechó el pastor del Private para aliviarse con la oveja que estaba más cañón.
El establo estaba a las afueras de Belén. Cruzaron el pueblo, medio desierto, a esas horas. Al pasar por delante del bar Arimatea, oyeron ruidos de risas, gritos y jolgorio.
- Quizás estén celebrando el nacimiento-, dijo uno de los pastores.
- Bueno, bueno, vamos primero a adorar al ninio este y luego ya nos tomaremos unos copazos-, respondió el de más edad.
Así lo hicieron. Llegaron al establo, que pegaba un pestazo a animal que tiraba para atrás.
Allí se encontraban un buey, un burro y un ñu, durmiendo plácidamente sobre la paja. María, que así se llamaba la madre, estaba haciendo calceta, y el niño se encontraba a sus pies, liándose un porrito dentro de una cesta de mimbre.
- Vaya una madre-, pensó el pastor más de derechas.
Se acercaron, uno a uno, depositando los obsequios a los pies de María. Ésta, sin levantar la cabeza, absorta en su quehacer, agradecía los presentes:
- Gracias, muchas gracias, aunque no entiendo nada, y además no sé de dónde ha salido este ninio, no sé si es mío o qué.
- Pues vaya tela de madre-, volvió a pensar el pastor más de derechas.
El ninio no se enteró de nada, tenía los ojos rojos y no veía un pijo. Acabaron con su misión los pastorcillos, y se volvieron por donde habían venido.
- Perdone, señora, ¿sabe dónde está San José?
María puso cara de incredulidad.
- ¿Ya le han hecho santo? Caramba, qué rapidez. Pues dónde va a estar, en el bar, con Ángel Cristo. Vaya dos…
Los pastorcillos se dirigieron hacia allí.
- Qué, ¿unos lingotazos?
- Pues claro, aún falta mucho para que inventen los controles de alcoholemia para pastores de ovejas.
El garito estaba a rebosar. Las copas iban de un rincón a otro sin parar, el griterío era ensordecedor. Parecía que el CF Nazareth hubiese ganado la Copa del Sanedrín ante el Jerusalén United.
En la barra se encontraba San José, con una turca impresionante:
- El vino que tiene Yahveh, no es blanco ni es tinto ni se puede bebeeeer…-, berreaba el hombre, izando la copa. Según se supo más tarde, el pobre estaba en ese estado por el tema de su paternidad. Si su esposa era virgen, ¿cómo se explicaba que tuviera un hijo? Ante la imposibilidad de comprender tal cosa y para no tener problemas peligrosos con María, optó por ahogar sus penas en el bar Arimatea, propiedad de un tío de Mesala (el de Ben-Hur).
Ángel Cristo estaba subido encima de la barra, haciendo un stríptis que ríete tú de la Kim Basinger, mientra iba rociando a todo el mundo con vino.

San José, dale que te pego.
Los pastorcillos pidieron unas jarras, y pronto se encontraron en su salsa. Como no tenían costumbre de fiesta, en seguida pillaron una cogorza monumental, integrándose perfectamente en el ambiente baril.
A la mañana siguiente, despertaron todos en el establo donde el día anterior había tenido lugar el acontecimiento divino, con una profunda resaca.
Entonces fue cuando se apercibieron de que había desaparecido el rebaño de ovejas. Por mucho que indagaron, no encontraron ni rastro de ellas.
Esto provocó una profunda depresión en todos ellos. Uno de pastor, el del Private, incluso se suicidó, por la pena de no volver a ver a la oveja cañón. Los demás, más fuertes, aguantaron la pena como pudieron, pero ninguno de ellos volvió a ejercer su antiguo oficio, yendo la mayoría de ellos a engrosar la cola del paro.
Porque la crisis ya existía en tiempos de Herodes, no es un fenómeno actual. Y antes, y todo.
De San José y María no se sabe bien qué pasó con ellos. Dicen las malas lenguas que se convirtieron en prósperos ganaderos de ovejas. El Ninio Jesús, por su parte, siguió fumando como un condenado, hasta que, ya de mayor, de tanto hacerlo se le giró la cabeza, dejó el vicio y se puso a predicar y a comer el coco a todo el mundo que se le ponía por delante, así por las buenas.


Con los resultados que todo el mundo sabe.

dijous, 11 de desembre de 2008

HORAS



Nueve y media de la mañana.

- Déme hora para el Dr. Gutiérrez.
- Dígame el nombre.
- Ya se lo he dicho, el Dr. Gutiérrez.
- No, que me diga su nombre.
- Gutiééérrez, se lo estoy diciendo.
- Señora, el suyo, el nombre de usted...
- Ah, sí. Sebastiana Bascuñana.
- ¿Y el segundo apellido?
- Garrido. Déme hora a las doce.
- Vale, pues vuelva a las doce y se la doy.

dimecres, 10 de desembre de 2008

dimarts, 9 de desembre de 2008

EL SEÑOR BUENO


Al señor Bueno todo el mundo le llama señor Bueno. Todo el mundo. Sus amigos, vecinos, compañeros de trabajo, Antonia la quiosquera, Vicente el del bar, Ceferino el del estanco…
- Buenos días, sr. Bueno. Paquete de Ducados?
- Dame un cartón, Cefe, así ya no te veo la cara durante unos días.
El estanquero ya conoce el peculiar carácter del sr. Bueno, así que no le da mayor importancia a sus comentarios.
-Bueno, bueno, sr. Bueno, son veinticinco euros.
El sr. Bueno paga y se va sin abrir la boca.
Es hombre de poco hablar, el sr. Bueno.
Sus hijos y su esposa también le llaman señor Bueno, aunque han conseguido quitarle el señor, por aquello de la familiaridad y de la sangre.
- Bueno, a la mesa, que la sopa se va a enfriar!
- Bueno, me dejas el coche? Tengo que ir al Ikea y tu coche me mola más, caben más cosas.
- Bueno, puedes hacerme de canguro esta mañana? Tengo que ir a la pelu…
- Bueno, bueno, Bueno… A que me vas a dar cien euros para que vaya al mercado?
Nadie sabe el nombre de pila del sr. Bueno.
- Oye, tú sabes cómo se llama el sr. Bueno?
- Pues señor Bueno, no?
- No, de nombre.
- Pues ni idea, ya ves tú.
Y el señor Bueno sigue siendo señor Bueno.
El señor Bueno, aunque parco en palabras, sabe escribir. Gracias a esto, conoció a su futura esposa.
Cuando estaba haciendo el servicio militar, tenía un compañero de armas que no era muy ducho en el arte de la escritura. Éste, viendo que el recluta Bueno (supongo que aún no le llamarían señor) tenía facilidad para la pluma (no pensar mal), le pidió que le escribiera las cartas a su novia, la cual vivía en un pueblecito perdido de la provincia de Teruel. El recluta Bueno accedió amablemente, y durante meses redactó cartas de amor a una mujer a la que no conocía, en nombre de su colega.
Cuando acabó el servicio militar, los dos consiguieron un trabajo en Australia. Allí, con el tiempo, el amigo se enamoró de una australiana y se olvidó de la turolense. El ya señor Bueno, mientras tanto, trabajó durante tres años allí hasta que se hartó, y se volvió a España.
Al llegar, recordó las cartas escritas a la antigua novia. Ni corto ni perezoso, agarró un autobús, se presentó en el pueblo de aquélla y le propuso sin más miramientos que, ya que el otro la había plantado y estaba sola, pues que convirtiera en la novia de él.
La moza, que casi no se había movido del lugar donde nació, vio la oportunidad de abandonar la aburrida vida que llevaba, y se imaginó recorriendo medio mundo, conociendo culturas nuevas y esas cosas.
Y aceptó.
Se fueron a Barcelona, la muchacha del pueblo se convirtió en la señora Bueno, y tuvieron dos hijos.
De viajes y aventuras, nada de nada. No se han movido de Barcelona, en treinta años.





divendres, 28 de novembre de 2008

EL CORONEL Y SU DESPUÉS (I)


Mi bisabuelo, por parte de madre, era militar. Coronel. Murió en 1925, en Alhucemas. Según parece, se dirigía al hospital a hacer una visita a sus soldados heridos en combate, cuando le cayó una bomba encima, y adiós muy buenas. Estuve hace pocos años allí, de vacaciones, pero no vi rastro alguno de él. Ni una pestaña, jo.

El entierro, celebrado en Barcelona, fue multitudinario (lo pone en el Espasa). Hay una calle con su nombre y todo.
Eran tiempos en que era costumbre en las familias meter a los hijos a cursar la carrera militar (ahora, afortunadamente, eso ya se acabó): además de mi bisabuelo, el último general de caballería de Franco era también pariente (un general que tenía como ayuda de cámara al padre de José Luis de Villalonga, según cuenta él mismo en “El sable del Caudillo”) y un famoso compositor de habaneras llegó asimismo a coronel.
Por cierto, qué aburridas son las habaneras. Menudo tostón.
Hasta aquí, todo más o menos normal, si a la guerra de Marruecos se la puede adjetivar así.
Las sorpresas vinieron después del entierro.
Mi bisabuelo dejó una viuda y tres huérfanos. Además, eso también era costumbre, tenía una amante. Un amante, y siete hijos. En total, el coronel tenía diez hijos. La familia oficial, burguesa, clasista y demás, repudió al momento a los hijos ilegítimos, dejando a la amante con una mano delante y otra detrás, con siete bocas a las que alimentar. No sé cómo se las apañó, pero lo hizo.
Así quedaron las cosas, hasta que estalló la guerra civil. En los inicios del conflicto, a la viuda y sus vástagos se los cargaron. Los familiares, por aquello de perpetuar el apellido (dudo mucho que fuera por lástima) recuperaron a los hijos ilegítimos y les cambiaron el apellido, pues antes llevaban el de la madre natural.
A todos menos a uno, ya que había hecho el servicio militar y legalmente les fue imposible hacerlo.
Uno de estos nuevos hijos fue mi abuelo, al que no conocí: murió cuando yo tenía -22 años.

Mi madre, tres.

dimecres, 26 de novembre de 2008

ANDALÚ




El mundo se mueve, y las lenguas con él. Unas evolucionan y se tranforman, creándose nuevas, y otras simplemente desaparecen, bien porque mueren sus últimos hablantes, bien por la presión de otras más mayoritarias, las cuales, por razones económicas y políticas, se acaban comiendo a las pequeñas.
Se calcula que de las seis mil lenguas que se hablan en el mundo, la mitad están en peligro de extinción.
Da la impresión de que la tendencia sea que todo el mundo acabe hablando en inglés o castellano… Aunque, ahora que lo pienso, existe un posible rival a estas dos, que es el chino (el mandarín, ya que en China hay muchas otras lenguas). Quizás todo esto sea comparable a la política actual, donde se fomenta descaradamente el bipartidismo, cosa que me parece un verdadero disparate, sobretodo porque excluye a todo el que tiene otra opción que no sea la de los dos partidos que dominan el cotarro.
O blanco, o negro.
Y el gris marengo, qué?
Por eso se agradecen iniciativas como ésta. Lo he leído en el 20 minutos (que debería titularse 5 minutos):

Kon identidá propia. “Lah normah gráfikah ke ze prehentan en ehte dokumento zon, komo reza er zuhtítulo, una propuehta, abierta y flezible, pa empezá a trabahá”. Azí komienza la propuehta de normah ortográfika pal andalú, elaborá por el ehkritor Huan Porrah, de la Zoziedá pal Ehtudio’el Andalú. Una beintenah de personah trabaha en Andaluzía por “conzervá nuehtro legao kurturá”, azegura Guadalupe Bahkeh, de la zoziedá. “Keremoh azé dezaparezé la idea de ke lo andaluzeh ablamoh malamente el kahteyano. Hablamoh andalú”, komenta.
La Zoziedá ehtá kompuehta por ezkritoreh, antropólogoh, lingüihtah… Kada doh’z añoh ze reúne. La úrtima zita tubo lugá en Marxena (Zebiya), pa debatí propueztah ortográfica elaboráh por argunoh de zuh integranteh.


Pues me parece perfecto, hala.


Cómo me he reído esta mañana, madre. Me haré zocio de la zociedá, aunque luego hable andalú con acento catalán.


Pero sabré una lengua más.

dissabte, 22 de novembre de 2008

My Mort- La Death





De mi época de estudiante de turismo (uno de tantos errores) sólo conservo una amistad de verdad, el Modest. Nos reencontramos de uvas a peras, pero cuando lo hacemos, parece que fue ayer. La primera vez que lo volví a ver, después de la escuela, lo primero que me dijo fue esto:


- Estaba convencido de que te habías muerto.

- Pues te jodes, ya ves que no.


Un tipo curioso, el Modest. Fue él quien hizo que me interesara por David Bowie. Tenía todos los discos, se sabía vida y milagros y me atrajo su personalidad, su androginia, y su música, sobretodo A partir de entonces, lo descubrí por mí mismo, y conseguí todos los álbumes que publicó hasta 1980. El último, "Last Dance". A partir de este año, la carrera de Bowie se estancó, y ya no ha hecho nada especial que valga la pena.

Eso creo yo, vamos.


El Modest me regaló un día una rareza: un disco doble de una actuación en los USA durante su gira de Ziggy Stardust, en 1973. El vinilo era jaspeado, rojo y lila, y en el interior de la tapa aparecía Bowie, vestido de su peculiar faralaes ocupando toda la imagen, en actitud provocativa y mordiendo las cuerdas de la guitarra, con el pelo rojo e hinchado de laca y sus tacones de plataforma que ríete tú de cualquier drag-queen.


Una maravilla de disco. Aún no entiendo porqué el Modest me lo regaló, la verdad. Un año de estos se lo pregunto.


Había una canción que nunca antes había oído. Es ésta:






Impresionante, verdad? Cuanto más se escucha, más lo es.


Luego me enteré que es una versión que hizo de una de Jacques Brel, y que, incomprensiblemente, no aparece en ninguno de sus discos oficiales. En cambio, "Amsterdam",

la que también hizo una muy buena versión, sí que acabó publicándose en uno de sus discos, "Bowie At The Beeb (The Best Of The BBC Radio Sessions 1968-1972)".


No sabía en qué canción de Brel se había basado Bowie. La busqué, pregunté e indagué, pero supongo que no me maté mucho.


Hoy he retomado la búsqueda y la he encontrado. La música no, pero sí la letra.


"La mort".





La traduzco, más o menos:


La muerte me espera como una soltera
A la cita de la hoz
Para recoger mejor el tiempo que pasa
La muerte me espera como una princesa
al entierro de mi juventud
Para llorar mejor el tiempo que pasa
La muerte me espera como la bruja Carabosse
Al incendio de nuestras bodas
Para reírse mejor del tiempo que pasa

Pero, ¿qué hay detrás de la puerta,
que ya me espera?
Ángel o demonio, qué importa...
Ante la puerta estás tú

La muerte espera bajo la almohada
Y yo olvido despertarme
Para congelar mejor el tiempo que pasa
La muerte espera que mis amigos
Me visiten en plena noche
Para decirse mejor que el tiempo pasa
La muerte me espera en tus manos claras
Que deberán cerrar mis párpados
Para dejar mejor que el tiempo pase

Pero, ¿qué hay detrás de la puerta,
que ya me espera?
Ángel o demonio, qué importa...
Ante la puerta estás tú

La muerte me espera en las últimas hojas
Del árbol que hará mi ataúd
Para clavar mejor el tiempo que pasa
La muerte me espera en la lila
Que un sepulturero lanzará sobre mí
Para adornar mejor con flores el tiempo que pasa
La muerte me espera en una gran cama
tendida en los lienzos del olvido
Para cerrar mejor el tiempo que pasa

Pero, ¿qué hay detrás de la puerta,
que ya me espera?
Ángel o demonio, qué importa...
Ante la puerta estás tú


Buff...


Gràcies, Modest. Espero que no t'hagis mort, jaja. Si no, m'emprenyo.









divendres, 21 de novembre de 2008

QUÉ ES UN PAISAJE?



Lugar: Refugio de Gabardito, Echo (Huesca).
Fecha: Años ha, a media tarde. Sábado.
Temperatura: Fresca, agradable, tarde soleada.
Comida: Digestionando.
Bebida: Rosado Somontano.
Tabaco: Winston aliñado.
Mechero: Uno que robé.
Libro: A medias, por la página 197.
Papel: grueso, para acuarelas.
Lápiz: portaminas HB, del 5.
Intento de dibujo: Paisaje?
Rotulador: Uniball.
Mobiliario: Mesa y banco de madera maciza.
Paz: Casi toda.

Al refugio de Gabardito se puede acceder en coche hasta la puerta sin problemas, a no ser que la nieve lo impida. Así que, en tiempos de bonanza meteorológica, no es nada extraño encontrarse delante de la casa con numerosos coches que suben hasta allí (con gente dentro) para disfrutar del paisaje (¿) y darse un garbeo pirenaico. O para retozar un rato, o para desplegar una manta de cuadros sobre la hierba, sacar la cestita de mimbre del maletero y merendar. O simplemente para fumar, que en casa no le dejan.
Un sinfín de Oes, que hay.
En una de esas Oes me encontraba yo, sentado en el bar-comedor del refugio. Carmen, la jefa del tinglado, estaba en la barra enfrascada en sus quehaceres. De pronto entró un individuo. Pelo negro (poco), alto, barrigudo, camiseta roja de tirantes, pantalón azul corto de deporte, calcetines blancos con las típicas dos rayas azul y roja, y sandalias. Una riñonera entre la panza y sus partes. Para rematar, gafas de sol y bigote.
El hombre puso brazos en jarra, dio una vuelta sobre sí mismo, estilo torero, observando el local.
Finalmente, se giró hacia Carmen y le soltó, a grito pelado:
- Oiga!! Pero aquí… ¿DÓNDE ESTÁ EL PAISAJE?

Esto es un paisaje? Aguas Tuertas, cerca de Gabardito.
Tuve que salir al exterior a partirme el pecho, para no tener riesgos. Carmen se escabulló de la pregunta como mejor supo, esto es, escondiéndose en la cocina.
Cuando volví, el hombre seguía allí, tomando una cerveza. Se fumó un cigarro, se la acabó y se largó a buscar el paisaje.
Borré el dibujo que tenía a medias y empecé otro, sobre el tipo ese.
Cuando acabé, se lo regalé a Carmen, entre vinos y risas.


Espero que aún siga en el refugio, colgado de una pared.


El hombre no, el dibujo.

dijous, 20 de novembre de 2008

APOLOGÍA


¿A que tiene cara de tener más neuronas?
A mi gata, que no es ésta, también debería hacerle fumar,
que a veces se le olvida quién soy.
Esta es una palabra que siempre me ha gustado: apología. Me recuerda al dios Apolo, a la sala Apolo, al polo de limón (los mejores son los de hielo), al Polo (contigo al fin del mundo… ah, no, esto era del 205), al Polo Norte, a Amundsen (Polo Sur), al polo opuesto, al Apolo XII, a un dios con mucho morro (apologeta), Apolo con patatas, al polo negativo y a Carl Weathers (Apollo Creed en Rocky).
Desgraciadamente, de un tiempo a esta parte apología se asocia, gracias a los medios de comunicación, que la han puesto de moda, a terrorismo y a drogas, y a prohibiciones (¡eso sí que es lo más in!).
Prohibir, de eso sí que saben todos.
Pues yo voy a hacer apología, hala.
Y de qué?
Pues de qué va a ser, de las drogas. De una, en concreto.
He leído hoy una noticia sorprendente, que me ha puesto contento (si es que con cualquier tontería me animo): según un estudio científico de la Sociedad de Neurociencia de USA, “se han confirmado los efectos sintéticos del THC (tetrahidrocannabinol, el componente que pone a gusto) a la hora de retrasar la aparición de la enfermedad de Alzheimer en ratas mediante la reducción de la inflamación en el cerebro y la mejora de la memoria (…) La administración de un fármaco sintético basado en las propiedades del THC, denominado WIN, consigue también estimular la formación de nuevas neuronas en el hipocampo, la región del cerebro implicada en el aprendizaje y la memoria”.
O sea, como dice el titular: “Una marihuana sintética es capaz de generar neuronas”.
¡Bravo! Y como las ratas tienen la misma información genética en un noventa y pico (largo) por ciento que el género humano, lo primero que he hecho ha sido llamar a mi novio Manolo (que tiene una novia que se llama María) y contarle la buena nueva.
Y también se ha puesto muy feliz.
Luego, el autor del artículo, para no ser políticamente incorrecto, faltaría más, tiene buen cuidado a no comprometerse con el tema de la legalización, no sea que se le echen encima.
Pues bueno, si no lo dice él, ya lo digo yo:
¡Legalicen ya el tema, hombre! Se acabaría el tráfico ilegal, el estado cobraría sus impuestos sobre la comercialización, como con el tabaco, los balcones de las casas estarían más frondosos y así no haría falta plantar cincuenta millones de árboles (como vendían algunos), y cuidar las plantas ya se sabe que relaja un montón. Y fumar, más.
Estos son algunos de los beneficios que comportaría la medida. Pero aún hay más, como decía el Superratón (él también fumaba).
Ahora entiendo porqué me sé casi todas las preguntas del Pasapalabra, tengo más neuronas que antes.
Dejaré de estudiar Historia y me matricularé en Física Nuclear.

dimecres, 19 de novembre de 2008

LO TUCÀ

ASUN ALTERNA


Llega Asun vestida con un vestido estampado de suntuosas flores de colores. Horroroso, para qué nos vamos a engañar. Además, casi no le cabe: al paso que va, un día de estos tendrá que renovar vestuario, y eso será un drama de narices. Por dos razones, principalmente: por su bolsillo tacañero, y por la catarsis que supondría para ella cambiar algún aspecto de su trepidante y aventurera vida.
Dicho vestido perteneció a su madre, fallecida hace quince años, como poco. Siempre dice, al respecto: es de ropa buena, se lo hizo ella misma, porque cosía muy bien mi madre, mi pobre madre… Y entonces se le suelen escapar unas lagrimillas que le corren el rimmel mal pintado que se coloca deprisa y corriendo, antes de ir a trabajar.
Baja al vestuario, se coloca a duras penas la bata, sube, bona tardaaaaaaaaaaa, baja la altura de la silla y se apoltrona.
Sólo le asoma el cabezón, desde el mostrador.
Como buen animal de costumbres, Asun siempre dice bona tardaaaaaaaaa cuando llega, tenga buen o mal día.
Y hoy tiene un mal día, la Asun.
Cuando más se le nota es cuando vienen clientes (yo los llamo así) conocidos al mostrador. Es curiosa su manera de actuar ante las amistades.
Llega una vecina suya.
- Déme hora para el doctor Salvador.
Se quita la mano del moflete (para que no se le caiga la cabeza, que se duerme), levanta la vista y dice:
- Déme la tarjeta.
Mientras se concentra en el ordenador, la vecina le reconoce.
- Yo a usted la conozco. No vive usted en Baldomero Solà?
Se hace la tonta.
- Ah, no sé, si, no…
- Si, mujer, al lado del Bar Busquets, no? Yo vivo en los pisos de enfrente, los del Condis. Cómo está su hermana? Me supo mal lo de su padre…
Asun no contesta. La mujer, intentando entablar conversación, insiste, y la otra mirando el ordenador, sumida en la pantalla. Al final, levanta la cabeza y responde:
- Perdone, señora, pero no ve que estoy trabajando? No puedo hacer dos cosas a la vez, hablar con usted y trabajar.
La vecina se lleva un chasco del copón y se calla. Le da la hora y se va sin decir nada, abochornada.
Luego viene otra, a la que se ve que le cae un poco mejor.
- Hola, Asun, bona tarda.
- Ah, hola, qué tal, cóm estás? Cómo tú por aquí?
- Pues mira, hija, es que me tienen que operar de cataratas, que ya no veo un pijo. Normal, con la edad que tengo…
A la Asun esto la anima.
- De cataratas? Pues vigila, eh? A mi tía Rufa, que ya murió, pobre, la operaron de lo mismo y se quedó ciega! Y me sé de otras a las que les pasó lo mismo! Yo de ti me lo pensaría bien, antes de hacerlo.
La vecina se queda hecha polvo, y ya no dice nada más. Le dan su hora y se marcha.
- Bueno, adiós! Y piénsatelo bien, eh? Que te quedarás ciega!!-, dice la Asun.
- Si, si…
Se acaba la cola, vuelve a colocarse la mano en el moflete y dormita de nuevo, esperando a que llegue la hora de la merienda.

dimarts, 18 de novembre de 2008

EL PERAPEUTA EN EL PAÍS DE GALETS


Transcribo, para de vez en cuando no tener que pensar sobre qué
escribo (que me canso), un fragmento del artículo de ayer de Mr.
Màrius Serra, el jugador de las palabras.
La cosa pasó en Swansea, Gales:

“Según la ley galesa, los rótulos públicos deben estar en las dos lenguas del País de Gales (llamado Cymru en galés y Wales en inglés). Por eso, un funcionario monolingüe envió un texto en inglés a un traductor para que le retornara la versión galesa: No entry for heavy goods vehicles. Residential site Only. Es decir, la clásica prohibición que impide a los vehículos pesados entrar en las zonas residenciales. El traductor no estaba disponible, pero aún así el funcionario recibió una respuesta en galés: Nid wyf yn y swyddfa ar hyn o bryd. Anfonwch unrhyv waith i’w gyfieithu. Ni corto ni perezoso, colocó ambos textos en la enorme placa metálica del rótulo. Arriba el texto en inglés, una flecha separadora, y abajo el galés. A partir de ese momento, los conductores que llegaban ante la señal de Swansea leen en inglés Prohibida la entrada a los vehículos pesados. Zona residencial y, debajo, en galés, algo más personal: En estos momentos no estoy en la oficina. Por favor, envía el texto que deseas traducir “.

Luego se lía con disquisiciones sobre la desidia (y algo más) funcionarial a conocer ambas lenguas, poniendo como ejemplo algunos casos más cercanos a nosotros, pero eso ahora no viene a colación (siempre que no quieras un té, claro).
Acaba Màrius Serra su artículo así:

“Para el funcionario, es una pérdida de tiempo obligada por la tozudez de sus compatriotas galeses en hablar su enrevesada lengua. Otra actitud es posible. Hace años comía en el Guinardó, cerca de la oficina donde hacía los crucigramas. Era un cuchitril regentado por andaluces que cocinaban muy bien y su plato estrella de invierno era la sopa de galés".

(Galets, en catalán, es un tipo de pasta con forma de caracol que se usa sobretodo para la escudella, un plato invernal, habitual en Navidad).

Es curioso, el idioma de Cymru. Hace años estuve de paseo por las colinas (¿o eran montañas?) galesas y habían nombres de pueblos como éstos: Cwmcych, Mwnt, Pernthyndeudraeth o Llanfairpwllgwyngyll. Cómo narices se pronuncian? Llegué a ver un letrero con un nombre larguísimo (aunque no tanto como el de la foto), sin una sola vocal.
Palabras… Últimamente, por donde me muevo (sinuosamente, como los meandros) he escuchado más de una vez la palabra perapeuta. Intrigado, he investigado concienzudamente y, al no haber encontrado nada, he llegado a esta conclusión, ya que a las personas a las que he oído decir tal vocablo son mujeres:
- Un perapeuta es un psicólogo que se dedica a realizar terapias para que las tetas de una mujer, ya que tienen que convivir obligatoriamente durante toda la vida, al menos se lleven bien entre ellas.


Se aceptan otras definiciones.

dilluns, 17 de novembre de 2008

DÉPARDIEU


El sábado por la noche soñé. Me encontraba en el interior de una gran mansión de techos que tocaban el cielo, paredes blancas, iluminación gris de candelabro (como en “Barry Lyndon”, de Kubrick) y pasillos interminables. Andaba por allí con no sé quién y de pronto sonó un disparo que provenía de la habitación que estaba al fondo.
- ¡Mi hermano!-, grité.
Corrí hacia la puerta con el corazón en un puño, y la abrí.
Se encontraba de pie, mirando desde lejos la ventana, desde donde asomaba una tenue luz. Al oírnos entrar, mi hermano giró la cabeza hacia nosotros, caminó unos pasos, volvió a mirar hacia la ventana y se desplomó.
Mientras el pobre caía a peso, vi la parte de atrás de su cabeza ensangrentada, con un orificio de bala. Se había pegado un tiro en el cogote.
Mi hermano era Dépardieu. Gérard Dépardieu.

Pues no lo sabía, la verdad... Físicamente, nadie lo diría.

divendres, 14 de novembre de 2008

COUCHÉ III (cap. XI)




Me reí ostentosamente.
- ¿Cura? ¿Se hizo cura? ¡Venga ya, señor Couché! Ciertamente, al final va usted a conseguir que no me crea de la misa ni la centésima parte.
Couché me respondió, sonriente:
- Imaginaba que me dirías esto. Anda, acabémonos las copas y vamos a mi casa, que te quiero enseñar algunas cosas. Pagabas tú, verdad?
- Yo no, Le Monde Sportif. La casa es grande.
Me dirigí a la barra mientras mi entrevistado salía a la calle.
- Te espero fuera, que si me acerco a ése le meto.
Al llegar a su casa, se sirvió otra copa.
-¿Quieres una?
- No, gracias, ya voy lo suficientemente puesto. No se moleste por lo que le voy a decir, pero… ¿No bebe usted demasiado? Desde que he llegado no ha parado de darle al “alpiste” (alpiste, en francés).
Couché no me miró mientras me contestaba.
- Todo tiene relación en esta vida, hijo mío… El atletismo, Zatopek, el cura, François, René, la guerra… Y también el alcohol -, dijo, mientras volvía a empinar el codo;- ¿seguro que no quieres?.
- No debería beber más, pero… Venga, va, la penúltima.
Entonce miré hacia arriba.
- Quién era negro, René o François?
André me miró, divertido.
- Jajaja, no, hombre, no. Es culpa del capullo que hace el blog, que ha colgado la primera foto que le ha dado la gana.
Me indicó que le siguiera.
- Ven, te enseñaré unas fotos y, entre otras cosas, verás como no era negro.
(Continuará)

dimecres, 12 de novembre de 2008

HINDENBURG



Un buen día
Descubrí que
Mi novia
Soltaba lastre
Todo quedó
Hecho un desastre

Jacinto Pérez Furriel, poeta boliviano (1915-1987).

dimarts, 11 de novembre de 2008

COUCHÉ III (cap.X)

Henri tardó lo suyo, para chinchar a Couché, pero fue lo bastante listo para traer los coñacs justo antes de que éste le montara un cirio, pues ya se estaba poniendo bastante nervioso.
- Ya era hora, cojones!
- Imbécil…-, se oyó murmurar a Henri, mientras se alejaba.
Couché cogió la copa y la miró al trasluz.
- Le he oído, pero no me apetece romperle la cara, ahora-, cuchicheó.
- Si que tiene usted mala leche, Couché…
- Uy, si ahora estoy calmadísimo, ya se sabe, con la edad… Antes me peleaba hasta con las piedras.
- Pues menos mal que yo le caigo bien, si no…
Me lanzó una mirada asesina que me dejó petrificado:
- ¿Y quién ha dicho que me caes bien?
Me invadió una sensación de ridículo y bochorno que no supe disimular.
- Perdone… perdone, señor Couché, yo creía que…después de todo el día charlando… los dos...- balbucéé, colorado como un tomate maduro.
André cambió su cara de golpe, soltó una risotada que resonó en todo el bar y me dio una fuerte palmada en la espalda que casi me hizo verter el coñac.
- ¡Era broma, hombre!¡Pardillo, que eres un pardillo!
Aquello ya no me hizo tanta gracia. El tipo este se estaba tomando demasiadas confianzas conmigo. Después de todo, nos habíamos conocido hacía unas pocas horas. Me acabé de un trago el Armagnac. Couché se debería dar cuenta por la cara que puse, porque me dijo:
- Venga, no te enfades, Laurent. Ya sé que tengo golpes de humor un tanto rebuscados, pero no lo hago con mala intención. Te he cogido aprecio, que lo sepas; en caso contrario, no estaríamos ahora aquí, sentados tan ricamente.
Miré la hora.
- Bueno, seguimos o no? Me va a contar qué le ocurrió a François?
- ¡Henri, dos coñacs más!- gritó Couché, dirigiéndose a la barra.
Al paso que voy seré incapaz de levantarme de la silla, pensé.
- Pues, como te dije hace un rato (y si no lo digo ahora): François era lo más ateo que he visto en mi vida. No creía en Dios ni en la Virgen ni en la Iglesia, sobretodo en la Iglesia. Veía una sotana y se ponía enfermo, escupía en el suelo. Y no sólo a la Iglesia tenía atravesada, cualquier religión le parecía una engañabobos, una excusa más del poder para oprimir mejor a la gente, aprovechándose del temor e incultura popular. Y eso lo tuvo claro desde bien pequeñito, imagina, a los ocho años se negó en redondo a hacer la comunión, y no hubo manera, por mucho que se emperró toda la comunidad católica. Le castigaron durante cuatro meses sin salir de casa, encerrado en su habitación, pero ni por esas.
Pegó un largo trago.
- Cuando salió de su castigo, François aún era más anticlerical.
- ¿Y usted? ¡Cree en Dios?
- ¿Yo? Tú me ves con pinta de creyente o qué?
Me rasqué la cabeza.
- Bueno, cosas más raras se han visto en la viña del señor… Pero dígame una cosa, señor Couché: ¿qué tiene que ver la religiosidad con todo lo que me estaba contando hasta ahora? ¿Qué tiene que ver sus apuestas entre amigos con si François creía en Dios o en una maceta?
Couché apuró la copa y me miró fijamente:
- Pues… porque sí que tiene relación. De hecho la tiene toda. François prometió a René que, si le ocurría algo (si se moría, vamos), él se ordenaría cura.

Como el cura Tribujena, que murió de pena ajena...
(continuará)

diumenge, 9 de novembre de 2008

LANCASTER, 20




Cuando decidí largarme de casa, hice el petate y bajé a la cocina-salón, donde se encontraba mi madre viendo uno de sus programas favoritos de sobremesa, un documental de algún pintor, o yo qué sé. Me situé detrás de la butaca donde estaba apoltronada y le dije:
- Mama, que me’n vaig a viure fora.
Ni se giró.
- Doncs adéu.
Fue tan calurosa la despedida que no supe qué decir.
- Bé… Adéu…
Al abrir la puerta, sonaron las cañas colgadas en el techo. Aún siguen haciendo ruido (no desde entonces, sino que las cañas continúan allí, moviéndose cuando alguien entra o sale). Me alejé, despacio, por en medio de la calle, confundido y triste, pero sobretodo confundido.
Iba a escribir sobre un vecino que tuve, Blas, todo un personaje, pero acabo de recordar otra cosa.
Otro día, Blas, tranquilo, no te preocupes, que ya pillarás.
Sigamos con mi madre.
Teníamos unos vecinos, ya mayores, que vivían enfrente, en una casita. Eran de Barcelona, y venían casi todos los fines de semana. Cuando murió la señora María, la vecina, el sr. Jaume, lleno de pena, vendió el piso que tenía en la calle Lancaster, paralela a las Ramblas. Es una calle corta, empieza en Nou de la Rambla y termina en l’Arc del Teatre, casi tocando a Colom.
La vendió por doscientas mil pesetas, regalada.
Yo ya no vivía en casa (creo que estaba en Castelldefels), pero acompañé a mi madre a ver el piso.
Calle Lancaster, 20.


El 20 es el primer portal de la izquierda. La persiana de al lado era un establecimiento de comidas para pobres. Por trescientas pesetas, comías. Poco, pero comías.

El edificio era antiquísimo, destartalado, por fuera y por dentro. Se entraba por un portalón que pesaba un montón (rima fácil) y chirriaba como un elefante en celo. Las escaleras, muy amplias, estaban desconchadas, llenas de baches y agujeros, y había que vigilar un poco para no darse de morros contra el suelo.
El piso era un entresuelo, y nunca mejor dicho. La puerta baja, debías agacharte (yo, al menos) para entrar; una vez dentro, se bajaban unas escaleras muy estrechas, también peligrosas. Detrás de la puerta, una taza de water, que a duras penas cabía en el cuartucho.
El piso era minúsculo, veintidós metros cuadrados.
Cuesta creer que dos personas mayores pudieran vivir allí dentro: era una habitación dividida en dos por medio tabique, con una sola ventana que daba a un patio interior, sin ducha, con un hornillo eléctrico como cocina. Las paredes estaban empapeladas de flores de color amarillo chillón, aunque con el polvo incrustado eran de un ocre oscuro. Armarios antiguos, enormes, lámparas de cristal llenas de roña, y dos camas donde uno no osaría acostarse, así por las buenas. Para acrecentar la sensación de claustrofobia, había un sobretecho de yeso, cañas y paja que yo tocaba con las mano sin ponerme de puntillas.
A pesar de todo, era un regalo, ¿no? Doscientas mil pesetas…
Cuando volví de Castelldefels encontré un trabajo en un pequeño hotel de Barcelona, de recepcionista, y le pedí a mi madre que me dejara vivir allí, en su piso. A regañadientes, aceptó.
Una vez instalado, mi madre contrató a un paleta que conocía de l'Escola Massana, donde estudiaba pintura, escultura, retablo y todo lo que se le ponía por delante (mi madre, no el paleta). Éste era un hombrecillo pequeño, delgado, el típico albañil chapucero, que igual te levantaba una pared que te freía un huevo (de gallina). Pero lo veía poco, mi turno era de mañanas y cuando él acababa, yo aún no había vuelto.
Eso cuando venía, porque lo hacía cuando le daba la gana. Imagino que mi madre haría lo mismo, a la hora de pagarle.
Colocó un plato de ducha en lo que era la cocina, cambió el inodoro, y entonces se dedicó a quitar el falso techo. Yo, que soy un desastre en el tema del orden, tenía toda mi ropa, sin doblar ni nada, encima de una de las camas.
Un día, al volver del hotel, me encontré con que el paleta de las narices había tirado el techo, sí, pero no había cubierto nada: a saco, Paco. Todo el piso estaba lleno de cañas, paja y yeso, sobretodo yeso, por el suelo, las camas, toda mi ropa blanca, los cables de la instalación eléctrica por allí colgando… Y eso que había un plástico grande para cubrir, pero no, el señor no se debió acordar que allí vivía alguien.
Pillé un cabreo de mil pares, y creo que celebré mi mala leche con una botella de vino blanco a granel y doscientos gramos de mojama exquisita que vendían en una charcutería-bar que estaba en las Ramblas, y que ya la cerraron, como han cerrado ya casi todos los garitos que valían la pena por el Raval.
Evidentemente, a finales de la tarde ya se me había pasado el enfado, ya estaba hecho, què hi farem. Por la noche, vinieron unos amigos a verme. El Gole, que es un cabroncete (como yo, más o menos), empezó a chincharme diciéndome que debería echarle la bronca al paleta. Al final me convenció y le escribí una nota, que colgué en uno de los cables colgantes, para que la viera cuando llegara al día siguiente.
La nota decía algo así:
“ES USTED UN CERDO. ¿No sabe que aquí vive gente? ¿No podía haber cubierto, al menos, la cama? Espero que la próxima vez tenga el pequeño detalle de hacerlo, ya que, si a usted le da lo mismo ir por la calle hecho un asco, a mi no. ¿De acuerdo? ¿me ha entendido con claridad?
Firmado: Llorenç."
Se fueron los colegas, y a las seis y media me levanté y me fui a trabajar.
El paleta, cuando llegó a casa, lo primero que vio fue la nota que le escribí. Se pondría furioso el tipo, porque se fue corriendo a l’Escola Massana, en la calle Hospital, cerca de allí, y entró en el aula rebosante de alumnos, donde estaba mi madre, sin llamar, blandiendo el papel de marras y gritando como un poseso:
- ¡Mire!¡Mire!¡Mire lo que me ha escrito su hijo!
Cuando volví a casa, sobre las cuatro, mi madre estaba allí, y ya me había recogido los bártulos.
- Hola, ¿qué haces aquí?
Mi madre, sin mirarme casi, dijo:
- Ya puedes agarrar tu petate y largarte de aquí.
Entonces comprendí.
- ¡Pero mama, si es verdad, es un cerdo!
- Que te vayas.
- Y dónde voy ahora?
- Yo qué sé, ya te apañarás.
El bochorno que debió pasar en la clase, la pobre, debería ser impresionante.
Y bueno, me fui con viento fresco.
A los dos minutos, me encontraba caminando, macuto en ristre, subiendo por las Ramblas, pensando dónde pasar la noche…


Esta es mi madre.

dijous, 6 de novembre de 2008

SANGRE


Eran siete hermanos

Tres tenían seis

Tres tenían cinco

Uno tenía tres

dimecres, 5 de novembre de 2008

JUEGOS


Suelo leer todo periódico que pasa ante mis narices, aparte de comprar el mío propio, cosa que, como no tiro nada, al cabo de unos días tengo overbooking de papel. Si tuviera chimenea me irían de perlas, pero como no es el caso (qué pena), pues voy haciendo slalom, esquivando los diferentes montones de diarios que voy dejando por casa. Tendré síndrome de Diógenes?
Vaya, ya me estoy dispersando, para variar.
Sigo.
Las noticias las miro así por encima, total, en todas partes hablan y dicen lo mismo. Me detengo, sobretodo, a leer los artículos de opinión.
Javier Ortiz, Josep Pernau, Maruja Torres, Josep Mª Espinàs, Baltasar Porcel, Isabel-Clara Simó, Iu Forn, Rafael Reig, Quim Monzó (al que últimamente no sé qué le pasa, está raro), Sergi Pàmies… y Màrius Serra. Y alguno más que me dejo, claro.
M. Serra es muy divertido.
Juega.

Verbalia.com. El país de los herbívoros. Màrius Serra i Roig (Barcelona, 1963) se toma la vida con Filología, desde antes incluso de licenciarse en la Universidad de Barcelona en la modalidad (o disciplina) Inglesa. Màrius Serra, fundador de Verbalia, Rafael Hidalgo y Beatrice Parisi, gobiernan de modo un tanto anárquico el pais de los verbívoros, y son los principales irresponsables de propagar la epidemia, porque promueven el uso y abuso de las lenguas sin tomar ningún tipo de medidas. Por separado son peligrosos, y juntos ni se sabe, porque no se pueden ni ver (están muy atareados).

Juega con las palabras.

En su artículo del lunes, habla de una invitación que recibió para asistir a una conferencia que daba Joan Puigcercós, “Una mirada republicana als valors”:

No asistí (…) Recibí un correo de un lector que me incitaba a buscar dónde había pronunciado la conferencia. Lo miré: en el Auditori ONCE de Barcelona. La conclusión de mi corresponsa era clara: ir a definir la “mirada” republicana en el auditorio nacional de “ciegos” es, cuanto menos, chocante” (…) A mí, la presunta paradoja de la mirada de Puigcercós me recordó una comparecencia de la consellera Montserrat Tura cuando dirigía el Departament d’Interior. La consellera presentó un plan para intentar que los accidentes disminuyeran y lo llamó, como quien no quiere la cosa, “pla de xoc”.

Luego, ya se va soltando:

También oí a una líder feminista declarar, en un contexto que aludía a la discriminación laboral de la mujer cuando estaba embarazada:”les dones no hem estat mai compreses”. La perversidad del lenguaje es una constante.

Quizás lo que más me atraiga sea que, aprovechando los juegos, cuenta anécdotas. Más adelante habla de un caso en que una pareja que se había comprado un piso que estaba afectado y a punto de demoler:

Lo sarcástico del triste caso es que el piso en cuestión estaba sito en la calle Passerell (pardillo, en castellano).

Otra. Siempre va a comprar petardos, cuando llega la verbena de Sant Joan, a la misma caseta:

Como voy sólo una vez al año, me costaría mucho más orientarme si no fuera porque recuerdo bien el nombre de la calle: Perill (peligro). En Girona, en cambio, en la calle Perill no venden petardos, pero sí productos relacionados con el cannabis en una tienda de nombre muy vegetal: Dr. Cogollo.

Bueno, sobre esto último, personalmente, no veo peligro al tema del cannabis. En todo caso, y siguiendo con el juego de palabras, al hecho de fumar petardos.

Y la última:

El lingüista Lluís de Yzaguirre me recordaba como una de las primeras clínicas que practicaron abortos en Barcelona estaba sita en la calle Cardenal Vives i Tutó, tres nombres que chocaban por motivos obvios con dichas prácticas.

A esto, entre otras muchas cosas, supongo, se dedica este hombre. Envidia sana, me da.

Qué bien se lo pasa, verdad?

dimarts, 4 de novembre de 2008

LES NOIES DE TOST


Vista del valle de Tost, con el Cadí al fondo.

Las reuniones familiares, habitualmente, son un coñazo, al menos para mí (sé que a algunos, como a Javier Ortiz y a María, la novia de mi novio, no les gusta este término: lo correcto sería, según ellos, peñazo, o tostón, o similar, pero como me gusta llevar la contraria, pues eso, coñazo). Pero, de vez en cuando, suceden cosas que hacen que haya valido la pena asistir.
Por ejemplo, el viernes pasado fui a casa de mis padres a celebrar la castañada. Y mi padre me contó una historia.
A finales del siglo XIX, Tost (Alt Urgell, Lleida) era un pueblo ya en franca decadencia, no sólo económicamente, sino también en lo demográfico. Muy lejos, lejísimos, quedaban los años prósperos, los tiempos de Arnau Mir de Tost, allá por el siglo XI, al que a alguien se le ocurrió llamarle “El Cid catalán”, por sus hazañas bélicas (que manía tienen algunos, con esto de las
comparaciones).

Castillo de Mur, una de las muchas fortificaciones fronterizas
que Arnau Mir de Tost mandó erigir en su lucha contra los árabes
(ilustración cedida amabilísimamente por Llorenç Pubill).
Por aquel entonces, el gobierno del estado español tenía implantado el servicio militar obligatorio, y todo varón apto (pobre, porque el rico no iba: pagant, Sant Pere canta) debía acudir a la llamada de las armas, sí o si. A principios del siglo XIX la duración del servicio llegó a ser de ocho años, y se fue reduciendo hasta los tres, hacia el final del siglo (http://www.elmundo.es/papel/hemeroteca/1996/04/28/cronica/104956.html).
Esta medida era una verdadera sangría para las familias con menos recursos, evidentemente, pero en el valle de Tost aún lo era más, ya que la tierra era seca, poco fértil y con gran escasez de agua, lo que hacía que la economía local no pasara más allá de la purasubsistencia. Encima, el ejército les privaba de la principal mano de obra para trabajar los campos.
En esos tiempos, el secretario del pueblo de Tost se llamaba Ignasi Vilarrubla. Este buen hombre, propietario de unas cuantas tierras, veía como el nivel de vida de la población del valle, ya de por sí bajo, iba menguando a ojos vista: los campos se quedaban a medio labrar, y las familias a duras penas tenían para comer.

Aspecto de una de las constucciones que, como pueden,
aún resisten el paso del tiempo en el valle: La Barraca, en Cal Serradal.
Un buen día al secretario se le ocurrió una idea luminosa: como él mismo era el que escribía
y registraba a todos los niños que nacían en el municipio, que comprendía Torà, Castellar, Sauvanyà y La Bastida, además de Tost, decidió, a todos los recién nacidos varones, ponerles nombre de niña.
Así, de esta manera, al llegar a la edad de ser llamados a filas, el mando militar, simplemente, no reclamaba a nadie de por allí. Ignasi Vilarrubla, no obstante, no hacía esto únicamente para ayudar a sus vecinos: a cambio de esta medida, pedía a los padres del niño-niña que nacía que, cuando estuviera en edad de agarrar el azadón, trabajara gratis en sus tierras durante dos meses. Trato que aceptaban todos de buen grado.
Esta argucia del secretario funcionó durante muchos años: nacían niños, se les ponía nombres femeninos, al cumplir diez o doce años se ponían a trabajar durante dos meses a las órdenes del sr.Vilarrubla, no hacían el servicio militar, ya que nadie los reclamaba, y sanseacabó.
Pero, evidentemente, un buen día alguien se fijó en este pequeño detalle. ¿Cómo era posible
que en Tost sólo nacieran niñas? Así que las autoridades pertinentes resolvieron enviar un representante al valle, a ver qué diantres ocurría.
Y, claro, finalmente se descubrió el pastel. El revuelo que se montó fue considerable.

A Ignasi Vilarrubla lo denunciaron, pero, a una semana de la celebración del juicio, el pobre falleció de repente. A las niñas que en realidad eran niños, y muchos no tan niños, se les obligó a hacer el servicio militar en La Seu, en cuanto les tocara. A los que ya habían sobrepasado la edad de ir, también se les obligó. Y, cuando los quintos normales veían a esa gente tan mayor, en comparación con ellos, vestidos de uniforme y recibir instrucción como a cualquier recluta,
y preguntaban quienes eran, las gentes del lugar respondían:
-Són les noies de Tost.
Toda esta historia se lo contó a mi padre el padrí, mi bisabuelo Ignasi, al que yo llegué a conocer (murió con noventa y tres años). También le explicó que, cuando enterraron al secretario, acontecimiento que reunió a buena parte de la comarca, lo que había en el féretro no era el Sr. Vilarrubla, sino un tronco de roble.
Por cierto, el padrí, mi bisabuelo Ignasi, también trabajó durante dos meses en las tierras del Sr.Vilarrubla.
Y, cuando nació, le pusieron Ignacia.

dijous, 30 d’octubre de 2008

LA OSA HVALA



Hace muchos muchos años un oso mordió a un cazador en la Val d’Aran. Hacía poco que este animal se había reintroducido en el Pirineu con ejemplares traídos de Eslovenia; este programa, avalado por el gobierno francés, la Unión Europea y la Generalitat, era motivo de fuerte controversia en el valle y en el resto de la cordillera. Por un lado estaban los ecologistas y la opinión pública en general, que estaban a favor de la medida, y en el bando contrario se alineaba la mayoría de la población que vivía en la zona donde habitaba el oso, por los daños materiales, económicos y personales que pudiera ocasionar.
Dicho incidente provocó que el gobierno de la Val d’Aran, desoyendo órdenes superiores, organizara batidas para atrapar al animal y trasladarlo a espacios protegidos, lejos del mundanal ruido y de la actividad del hombre. Un zoo encubierto, vaya.
Debido a la orografía pirenaica, localizar a la osa en cuestión (era una osa, de nombre Hvala) era arduo y complicado, a pesar de contar con los más sistemas de búsqueda más modernos.
Un buen día, semanas después del mordisco en cuestión, un miembro de una de las cuadrillas, Bertomeu Llach, de profesión panadero en Montaut, se topó con la osa Hvala en un claro del bosque, cerca de Canejan. Asustadísimo, se quedó quieto como una estatua, mientras, muy despacio, colocaba en posición el rifle, cargado con dardos narcóticos para abatir al plantígrado. Hvala, por su parte, no se apercibió de la presencia de Bartomeu debido al viento en contra (los osos tienen un olfato finísimo), y siguió a lo suyo hasta que un golpe de aire le acercó el olor humano del panadero.
Éste ya tenía el rifle a punto de disparar. Hvala se giró hacia Bertomeu, que estaba paralizado por el terror e incapaz de mover un dedo, ni tan solo apretar el gatillo.
De golpe, la osa se levantó sobre sus dos patas traseras (con las delanteras hubiera tenido más gracia), miró al cielo, cerró los ojos y…
Y se puso a cantar:
“Perquè ningú no em contarà els seus somnis
perquè és tot urgent i res no s'acaba
perquè el que em pugues dir ja ho duu el diari
perquè ja ens veurem, que no tinc temps ara

M'invente sol un amic per parlar
per recordar records, velles històries
per retrobar el que a ciutat es perd
entre els neons, el tràfec i les boires

Passege avui fent esforç de memòria
sobre l'asfalt impassible i negrós:
la voluntat d'arrels, molt més present
que la nostàlgia d'origen fosc

El verd suau dels pins llepats de pluja
la justa llum que em fa palpar les hores
la veu del vent, oh música oblidada
el gust salat de la vida i la mar

Perquè ningú no em contarà els seus somnis
perquè és tot urgent i res no s'acaba
perquè el que em pugues dir ja ho duu el diari
perquè ja ens veurem, que no tinc temps ara


M'invente sol un amic per parlar
per recordar records, velles històries
per retrobar el que a ciutat es perd
entre els neons, el tràfec i les boires


Jo sé que algú em pot dir que no m'adapte
que em costa molt de perdre el dialecte
que no m'esforce gens a assimilar-me
que no vull oblidar que sóc de poble


Que vaig idealitzant la meua infància
que passa a molta gent a la trentena
que tot això no té cap importància
que el món és fet de gent de tota mena

Perquè ningú no em contarà els seus somnis
passege avui fent esforç de memòria:
el verd suau dels pins llepats de pluja
m'invente sol un amic per parlaaaaaaaaaaaaaaaaar”


Cuando acabó, volvió a ponerse a cuatro patas y continuó con sus quehaceres anteriores, haciendo caso omiso de la presencia de Bertomeu Llach.
Si ya fue mayúscula la sorpresa de encontrarse frente a Hvala, aquello ya fue la repera. ¡Una osa cantante!¡Y encima cantaba de maravilla¡ A Raimon (el autor de la canción) hubiera llorado de la emoción. Sus ojos y oídos no daban crédito a lo sucedido. Bajó el rifle, se lo colocó a la espalda y bajó corriendo al valle a dar la buena nueva.
- ¿Pero tú que vas borracho o qué?
- ¿Has comido setas?
- Bertomeu, ¿no deberías ir al médico?
Frases como éstas y mucho peores tuvo que escuchar Bertomeu en Montaut. A pesar de ello, él insistió e insistió ante todo el mundo de que aquello que contaba era absolutamente cierto, per ma mare que en el cel sia. La noticia llegó a oídos del Síndic d’Aran, que lo llamó a su hermoso despacho. Tanto fue la tenacidad de Bertomeu con su relato, que el mandamás aranés decidió acompañarlo él mismo hasta el lugar donde se había topado con Hvala.
Por increíble que parezca, la osa seguía allí, tan campante. Al verlos, realizó la misma maniobra: se alzó y se puso a cantar, sólo que esta vez se arrancó con “Summertime”, de Georges Gershwin.
El Síndic rompió a llorar de la emoción. Jamás había oído cantar a nadie así, y menos a un oso. Cuando Hvala acabó su cante, los dos hombres se retiraron, intentando no perturbar a aquel animal tan peculiar.
En cuanto llegó a Vielha, convocó al gobierno con carácter de urgencia y, después de unas cuantas comilonas y demás decidieron suspender la búsqueda y captura de cualquier oso que se encontrara en la Val d’Aran, y crearon disposiciones urgentes para proteger a los plantígrados, promoviendo este hecho diferencial como reclamo turístico.
Y así fue como el oso, en este hermoso valle pirenaico, nunca más fue motivo de polémica, y vivió tranquilo y en su hábitat natural, sin apenas injerencias humanas.
Hvala, por su parte, continuó con su vida normal, cantando cuando le apetecía, tuvo hijos, a los que les inculcó el arte del canto (nada de óperas, que daña los abetos), y sus descendientes continuaron con la tradición.
La Val d’Aran se convirtió, gracias al oso y al turismo, en una próspera y rica comarca, envidia de los vecinos
Actualmente, si uno pasea por el bosque aranés, es frecuente escuchar a lo lejos, o no tan lejos, la melodía de, por ejemplo, “Soon forget”, de Pearl Jam.

Que ser un plantígrado no está reñido con el buen gusto.




Vielha, 32 de marzo de 2069.

dimecres, 29 d’octubre de 2008

ASUN Y EL CAMBIO DE HORARIO


El lunes, Asun apareció vestida impoluta con su prístina bata blanca, perdón, encajada en ella (seguro que tiene un calzador de batas, si no ya no entiendo nada), con sus labios mal pintados de rojo carmín, su habitual peinado del día de la tortilla aderezado con las pinzas que se acostumbra a olvidar en el pelo y sus prehistóricas zapatillas del 39, también blancas, con agujeritos.
- ¡Hola bona tardaaaaaaaaaaaaaaaaa!-, dijo, en un alarde de originalidad.
Yo sonreí y respondí:
- Coño, Asun, qué haces por aquí? Si aún no son las dos…
El reloj marcaba la una.
- Uy, si que es pronto, si…
Teresa, una de las compañeras de trabajo, le espetó:
- No sabes que este sábado se ha cambiado la hora?
Asun puso una de sus caras de circunstancias, como haciéndose la tonta, y mirando al suelo dijo:
- Ah, ah… Pues no sé, no me he enterado, no he visto la tele este fin de semana.
Eso era mentira.
- Pues encima he cogido un taxi, que llegaba tarde…
Escondimos nuestras caras tras el fichero, para no molestar. Asun es muy tacaña, pero susceptible aún lo es más. Mucho más. Como los corsos (según Astérix), pero a lo grande.

Después de procesar la situación, a Asun le cambió la cara y se sentó en un rincón, al lado de la ventana y, según me contaron al día siguiente, no se movió de allí en toda la tarde.

(Me tapo la boca, que me parto y no queda bien).

dimarts, 28 d’octubre de 2008

LA URRACA Y EL ARCO IRIS



El otro día salió el sol.
Ya sé que no eso no es nada reseñable, de hecho sale todos los días (sería curioso, como mínimo, que un día no amaneciera, verdad?). Pero es que estaba lloviendo también, algo que, aunque no tan habitual como la salida diaria del sol, también es un hecho frecuente (aunque cada vez menos).
Pues bien, después de llover toda la noche (y de despertarme por una maldita gotera que apareció en la habitación), me lavé y acicalé con esmero, cosa rara en mí, y salí de casa.
Llovía a mares, a océanos, a ríos, a cataratas, a lagos, pero no me importaba, me gusta la lluvia. Me dirigí al coche, calándome hasta los huesos. Tras quince minutos de viaje aparqué en el descampado donde suelo hacerlo todos los días, a unos cientos de pasos del trabajo. Supongo que serán unos cientos, vaya, tampoco los he contado nunca.
Al bajar del coche, seguía lloviendo, pero con menos virulencia. En ese momento apareció también el sol, luciendo en todo su esplendor. Me quedé observando el espectáculo unos momentos, me daba igual si llegaba tarde, entre otras cosas porque casi siempre lo hacía. La lluvia resbalaba en mi cara, brindándome una sensación de frescura y pureza.
Así que me alegré el alma, hala.
Ya me iba a ir hacia mi lugar de trabajo cuando apareció un arco iris, así de sopetón. Me quedé extasiado observándolo, hacía muchísimo tiempo que no veía ninguno y se me quedaron los ojos clavados en él, pensando en el camino parabólico que surcaba hacia el cielo, y que luego descendía. Me preguntaba qué vista tan maravillosa se divisaría desde las alturas, y a qué lugar nos llevaría el final del arco iris.
Mientras pasaban por mi mente estos pensamientos y continuaba mojándome sin apenas apercibirme de ello, oí una voz a mis espaldas:
-Ahora verás cómo sale otro arco iris.
Me giré, y no vi a nadie. Qué extraño, pensé, hubiera jurado oir una voz
-Eh, que estoy aquí abajo, a tus pies, y vigila con pisarme.
Miré hacia el suelo y lo que vi me dejó parado... Me estaba hablando una urraca (Pica pica)!! La veía cada mañana al aparcar en el solar, a ella y a su compañera, me encantaba observarlas, tan curiosas, de un lado a otro, brincando de rama en rama, buscando no se sabe qué. Pero aquello me dejó casi sin poder articular palabra.
-Pero... Tú... Tú hablas?
-No, ha sido la colilla ésta que está aquí en el suelo, no te digo… ¿A ti qué te parece? ¿Ves a alguien más?
Miré a mi alrededor y, efectivamente, tan sólo estábamos ella y yo.
-¿Y tu compañera? He observado que siempre váis juntas en todas partes.
La urraca abrió el pico y dijo:
-Si, es cierto, nos queremos mucho y no nos separamos jamás, pero es que mi urraco (es un macho, que lo sepas) ha tenido que ir al ayuntamiento para empadronarnos.
-No me digas!! Las urracas también tienen que hacer papeleo?
-Buff!! Si tú supieras... Con esta tendencia de quererlo regular todo, al final no podremos ni volar libremente. La semana pasada vinieron los municipales a nuestro nido, y entre otras cosas, nos dijeron que teníamos quince días para empadronarnos, so pena de tener que abandonar nuestro querido hogar.
-Jo, pues si que está mal el patio...
-Mira si está fatal el tema que nos han obligado a llevar encima una bolsita de plástico para recoger nuestros excrementos, imagina la dificultad cuando estás en el aire, cagas y al momento tienes que hacer un vuelo en picado para recogerlo y meterlo en la bolsa, todo eso en pleno vuelo... Hemos tenido que hacer un curso de vuelo en picado con un halcón peregrino para poder hacerlo bien y llegar a tiempo antes de estamparte contra el suelo. Y encima, claro, tienes que hacerlo a más altura para tener tiempo de hacer la recogida, con el consiguiente peligro de pillar un resfriado, ya que arriba hace más frío. Claro que eso tú no tienes por qué saberlo, no vuelas...
-Qué, tienes ganas de hablar, eh?
-Pues sí, pasa algo?
-No, no, ni mucho menos, me encanta oír hablar a una urraca, no sucede todos los días... Y por cierto, qué me decías al principio?
La urraca miró al arco iris y me respondió:
-Que ahora va a salir otro.
-Otro arco iris?
-Si.
-No me lo creo.
-Ah, no? Tú espera y verás. Por cierto, no tienes un cigarro, mientras?
Lo que me faltaba por oír, una urraca que fuma.
-Te va bien un Fortuna?
-Yo me lo fumo todo, que lo sepas.
Saqué el paquete, se lo encendí (encima), y se lo coloqué en el pico.
Aspiró una calada larguísima y exclamó:
-¡Mira, ya sale, ya sale!


Efectivamente, otro arco iris se alzó esplendoroso detrás del primero, creando una atmósfera mágica que me embriagó por completo.
Me quedé con la boca abierta y los ojos como platos, sin decir nada.
-Qué, es bonito, verdad?-, dijo la urraca.
Asentí con la cabeza, sin mirarla.
-No te gustaría subirte al arco iris y contemplar el paisaje desde ahí arriba?
Ahora sí que me giré, hacia abajo. Enarqué las cejas y le contesté, socarrón:
-Si, y qué más?
La urraca pegó unos saltitos delante de mi y se alejó, diciéndome:
-Va, cállate ya y sígueme.
Y, sin saber cómo, la seguí, elevándome por encima de los edificios, y me perdí entre los colores de los arco iris.

CAROLINA SUBE LA COLINA



Siguiendo el sentido del agua
Carolina sube la colina
Se desprende de sí misma
Despacio, con prisa
Sin pausa
Dejando a su paso
Un reguero de tristeza
Que amortigua su sonrisa
Limpia, fresca, radiante
henchida de dolor

Carolina sube la colina
Emulando a Alfonsina
Perdiéndose
Por peligrosos senderos
Simas y cavernas
De destino incierto

Carolina sube la colina…
Sin saber
Si algún día
Descenderá
(A.l.m.g.)


dilluns, 27 d’octubre de 2008

EL BAÚL Y EL HACHA



Mi bisabuela Consuelo era de armas tomar, según me han contado. Murió cuando yo tenía cinco años, pero me acuerdo de ella, aunque de su mala leche no. Con ella por en medio sólo tengo dos imágenes, pero claras: los sábados venía a visitarnos a Premià de Dalt, donde vivíamos, desde Barcelona. Tomaba el autobús y Eva, Raquel (dos hermanas nacidas) y yo la esperábamos al final de la calle. Cuando doblaba la esquina íbamos corriendo a recibirla, y siempre nos traía algún regalito. La otra imagen es de un día que fuimos a visitarla a la residencia donde vivía, y yo, jugando, me rasqué la mano en una pared estucada, rugosa y se me quedó en carne viva.
A principios del siglo XX, mi bisabuelo encontró trabajo en Málaga. Era un reputado albañil, y le deberían ofrecer un buen sueldo, pues se trasladó allí con Consuelo. (Lo que no recuerdo es dónde dejaron a mi abuela, la nueva, pues se supone que ya habría nacido. Pero eso no viene al caso, ahora). Alquilaron un piso y se instalaron. El uno trabajaba en la obra, y la otra, de comadrona.
Con el tiempo, Josep, mi bisabuelo, acabó la obra y se quedó sin trabajo.
Era un poco balilla el tío, y Consuelo lo sabía, supongo. No se ufanaba demasiado en encontrar un nuevo empleo, y solía quedarse en casa, tumbado por ahí.
En esas que había una vecina del mismo edificio a la que le hacía gracia, mi bisabuelo. Dicha mujer era viuda, con siete hijos, y le tiraba los tejos, como si no tuviera otra cosa que hacer.
No sé si hubo algo entre ellos, pero Consuelo sospechaba. Sospechaba mucho.
Así que un día, por la mañana, se fue a trabajar. Le dio un beso a Josep (o no), abrió la puerta, pero no se fue: aprovechó que mi bisabuelo estaba en el cuarto de baño y se escondió en un baúl que había en la habitación.
Allí se acomodó, con un hacha como compañera.

La compañera de Consuelo: durante su encierro voluntario se hicieron amigas, y le puso Jacinta, en recuerdo de una cabra que tuvo de niña.
Un baúl, un hacha y la Consuelo, presta a saltar al más mínimo indicio de cuernos.
Josep se tumbó en la cama, fumando, y en eso llegó la vecina de las narices.
Bueno, de la nariz, porque sólo tenía una, creo.
En esa época las puertas no se solían cerrar con llave, así que él ni se movió de la cama. Entró la mujer, y empezó a hablar: le decía que dejara a su mujer, que era una mala pécora, que ella le cuidaría como nadie, que si esto, que si lo otro… Josep, sin inmutarse, iba fumando y dando largas a la vecina, hasta que ésta se hartó de comerle la cabeza (sin doble lectura) y se marchó.
Al cabo de un rato, mi bisabuelo se hartó también de estar tumbado sin hacer nada, se vistió y salió a la calle a dar un paseo, o vete tú a saber.
Cuando la casa quedó vacía, Consuelo salió del baúl, lo dejó todo tal cual estaba, escondió el hacha en otro lugar, cerró la puerta y se fue a trabajar.
Sobre lo sucedido, no dijo ni una palabra a Josep.
Al cabo de unos días, Consuelo volvía a casa, después de una jornada de duro trabajo. Al doblar una esquina, se encontró cara a cara con la vecina. Sin mediar palabra, le soltó un sopapo directo a su única nariz, desplomándose en el suelo al momento. Y siguió arreándole, patadas, puñetazos, arañazos y todo lo que pudo, hasta que se hartó.
Y se fue, relajadísima, a casa, dejando allí tirada a la vecina.
Evidentemente, ésta fue rauda al juzgado de guardia y puso una denuncia por agresión a Consuelo.
Al cabo de un tiempo, se celebró la vista.
En el barrio el suceso tuvo mucha repercusión, y ya se sabe, de la chafardería popular: la sala estaba a rebosar de curiosos ávidos de sangre y vísceras.
Empezó el espectáculo. Consuelo fue llamada a declarar y reconoció los hechos sin ambages. Cuando le llegó el turno de subir al estrado a la vecina, ésta empezó a escupir improperios contra mi bisabuela, proclamando a viva voz que era una mala mujer, que hace tiempo que le tenía ganas, que no cuidaba a su marido, que… En fin, todo lo que se le ocurrió y más, hasta que, en un momento de la perorata, le interrumpió el juez:
- Perdone, señora, una pregunta…
- Dígame usted, su señoría.
El juez la miró fijamente:
- ¿Usted cuántos hijos tiene?
- Siete, su señoría.
- ¿Es usted viuda, no es cierto?
- Pues si, mi pobre marido murió ya hace años y…
- ¿Y no tiene bastante trabajo con sus hijos como para ir tocando las narices al vecino?
La vecina se quedó de piedra.
- Verá, es que…
- ¡Ni es que ni leches!- gritó el juez, levantándose de su silla- ¡Debería darle vergüenza! ¡Hala, caso cerrado¡ ¡Desalojen la sala! Qué manera de hacerme perder el tiempo...
Y así se dio por concluido el juicio, para desesperación de la vecina, regocijo de mi bisabuela y desencanto del público asistente.
Mi bisabuelo, creo que ni se enteró. Y de lo del baúl y el hacha, aún menos.
Al cabo de un tiempo, Consuelo y Josep volvieron a Barcelona.
Me pregunto si ella se llevaría consigo a Jacinta, por si acaso...