dijous, 6 d’octubre de 2011

NADA


Decían que en el país vecino la gente vivía en un mundo de cabezas vacías. El temor impidió que nadie osara descubrir si aquello era cierto. Si alguien tuvo el valor de traspasar la frontera para averiguarlo, nunca pudo contarlo: no volvió.

Fredo decidió salir de dudas. Cruzó los límites y, cansado del viaje, se quedó dormido bajo un árbol.

Despertó fuertemente atado, rodeado por una muchedumbre. Horrorizado, Fredo observó que todos llevaban el mismo sombrero. Todas las caras tenían la misma expresión, fría y sin vida.

De entre ellos se abrió paso un policía con un serrucho en la mano.

- Tranquilo, no vas a morir.

Le serró la cabeza por arriba, longitudinalmente. La multitud, uno por uno, comió un pedacito del cerebro hasta que no quedó ni rastro de él. Le colocaron un sombrero y lo desataron.

- En este país no se piensa. Así no hay problemas- dijo el policía.