dissabte, 26 de juliol de 2008

SANDERS



Ya hace un tiempo que me parece estar dándome cuenta de que me gusta contar historias. Lo digo así, historias, para ahorrarme pensar mucho el vocablo adecuado o tener que buscar en el María Moliner que me regaló mi madre y que, por cierto, está a cuarenta kilómetros de aquí.
Es tarde.
Cuando era pequeño era al revés. Acabada la comida familiar, y mientras mis hermanos, primos o amiguetes se iban al jardín o donde fuera a hacer de niños, como está mandao, yo me quedaba un rato a escuchar lo que decían los mayores.
No entendía nada, pero me gustaba escuchar de qué hablaban. Me sentaba al lado de mi madre y de vez en cuando le preguntaba cosas que no entendía, y cada vez le hacía más preguntas, hasta que al final me miraba mal y me mandaba callar y a ir a hacer de niño, como niño que era.
Mi pregunta predilecta era:
- ¿I aquest, de què es va morir?
Y mi madre, claro, sempre preguntes el mateix, me acababa mandando a la mierda y a ir a hacer de niño, como niño que era. Ahora me encantaría que me me volviera a mandar a hacer de niño, pero es que ya hace años que no le hago mucho caso.
Luego yo subía arriba y buscaba en los libros de qué coño se había muerto la persona en cuestión. Gracias a esto, sé que George Sanders, el gran actor inglés, se suicidó en una residencia de Castelldefels en 1977, dejando una nota:
"Querido Mundo, me voy porque estoy aburrido. Siento que he vivido bastante. Te dejo con tus preocupaciones en esta dulce cisterna. Buena suerte."
Esta despedida la he leído hoy.
Qué elegancia, no?