dilluns, 22 de desembre de 2008

VIVA STALIN




Me gusta ir en tren. Tiene muchas ventajas, para mi gusto:
1. Puedes mirar las formas de las nubes.
Puedes leer.
2. Puedes dormirte sin miedo a tener un accidente (aunque te puedes pasar de estación, como me ocurrió el domingo por la mañana después de una noche tonta).
3. No estás pendiente de si te van a parar los Mossos, omnipresentes en la carretera.
4. Puedes observar a la gente.
Esto último tiene su punto divertido en muchas ocasiones.
Estaba yo casi llegando a mi destino, quedaban dos o tres paradas. A mi lado se encontraba una familia de magrebís: el marido, la madre con su pañuelo en la cabeza, la hija de unos ocho años y la suegra (no sé si de él o de ella) y un par de maletas voluminosas que medio obstruían el pasillo. Me preguntaba si hablarían en darija o en tamasigh*.
Ya me estaba quedando medio frito cuando en una parada subió un anciano. Era diminuto, caminaba con un bastón a duras penas y llevaba una americana del mismo azul que los porteros de las fábricas, un azul tirando a chillón. También se había puesto una gorra americana, de béisbol, del mismo color que la chaqueta. Pasó ante mí, dándome la espalda, y se sentó unos asientos más allá.
Olé sus cojones, pensé, tan mayor y yendo en tren solo.
Al cabo de muy poco tiempo se levantó y se dirigió a la puerta, para bajarse en la siguiente parada. Entonces vi la inscripción que llevaba escrita en la gorra.
En letras grandes ponía:
VIVA STALIN.
¡Coño! ¿Viva Stalin? Me quedé muy sorprendido, la verdad. Pensé que este hombre sería un nostálgico de los tiempos en que el comunismo soviético tenía buena prensa, hasta que se conocieron las barbaridades que ordenó cometer el tío Josif. Me extrañó que llevara este tipo de gorra, ya que no creo que se llevaran en sus tiempos de juventud. Quizás se la trajeran de Cuba… Y por cierto, ¿por qué era azul, y no roja?
Pero el tío allí, en medio del tren, todo ufano con su gorra, su bastón y su americana, mientras movía la boca, como si murmurara, como hacen las personas mayores a las que se les mueve la dentadura postiza. Intenté hacerle una foto con el teléfono, pero como es nuevo y aún no lo pillo bien, no me dio tiempo, pasó ante mí y ya no pude hacerla.
Paró el tren, se bajó a duras penas y se alejó despacito por el andén.

Pues no sé… No sé qué tendrá Stalin, pero dudo mucho que a alguien se le ocurra ir por el mundo con una gorra donde ponga “Viva Hitler”.
Por compararlo con alguien coetáneo con el dictador rojo, digno de él.

* En Marruecos la lengua más hablada es el darija, que es una variante coloquial del árabe clásico. Éste sólo se usa escrito, y en los medios oficiales, como la televisión. El tamasigh (del pueblo amazigh) es el idioma que hablan los bereberes, la gente del Rif y del Atlas. El gobierno marroquí realiza hacia ellos un ejercicio de opresión sistemático, ya que poseen una cultura muy diferente de la oficial, son muy independientes, y ya se sabe que el primer paso es eliminar las señas de identidad de un pueblo (¿a qué me suena esto?), como la lengua. Todo empezó cuando a Hassan II lo recibieron a pedradas cuando hizo una visita al Rif, según me contaron... Pero esa es otra historia.