dijous, 5 de febrer de 2009

VIERNES A LAS 19,44 H

Ilustración: Llorenç Pubill



Como cada viernes a las 19,44 h., Celedonio amontonó su azarosa vida, tomo sobre tomo, y se dispuso a contar cuentos a sus vecinos: a Jacinto, que no salía nunca de casa cuando llovía porque temía ahogarse en cualquier charco; a Herminia, que leía los libros al revés; a Pancracio, que creía que los chopos daban ciruelas; a Mariano, el gato escritor de novelas negras.
Al empezar a leer, una ráfaga de viento hizo volar los papeles, que desaparecieron para siempre. Celedonio no era capaz de recordar de qué iba el cuento, pero no le importó lo más mínimo: de su boca brotó una palabra tras otra, formando éstas por su cuenta la historia más maravillosa que jamás escuchó su extasiado público.
Cuando Celedonio acabó el relato, recogió su vida y se fue a su casa.
Aquél día, viernes, Jacinto salió a pasear cuando empezó a llover; Herminia leyó un libro del derecho; Pancracio se convenció de que los chopos no daban ciruelas, sino castañas, y Mariano, el gato escritor de novelas negras, empezó a escribir una poesía que hablaba de un contador de cuentos con su azarosa vida a cuestas.
Así mataban el tiempo hasta el siguiente viernes, a las 19,44 h.