dijous, 9 de juliol de 2009

ESTAMPAS AMBULATORIAS


La doctora (perdón, licenciada) D. le pide a R. que mande un fax de tres páginas.
R., solícitamente, como siempre, se dispone a ello, dejando todo lo que estaba haciendo a medias. Se dedica al tema durante una hora larga, hasta que vuelve al mostrador, donde se encuentra L., atendiendo a los clientes.
- L., ¿puedes mandarme un fax que me ha pedido la doctora D.? Es que no me sale...-, solicita R. a L.
- Ya me lo ha parecido. Bueno, ahora iré, cuando pueda.
Al cabo de un rato, L. se acerca al fax, pone las tres páginas donde hay que ponerlas y lo cursa, a un número de Madrid.
- ¿Ves, R.? Marcas el número con estas teclas y aprietas el botón verde, el grande. Y ya está.
- Ah…
- Ahora saldrá un papel que te dirá si ha llegado o no.
- Ah, vale...
L. vuelve al mostrador, a atender a los clientes. Transcurren cinco o más minutos y aparece R. con una hoja de papel.
- Perdona, L., si en el papel que ha salido pone “correcto” es que es correcto?
- Mmmm… Deja que piense... Pues yo diría que sí...

- Ah, es que como antes, en lo que salía, ponía OK…

L. pensó, entre suspiros, que a R. nunca la había visto enviando un fax en cuatro años que hacía que tenían fax, así que no podía saber si el papel que salía como por arte de magia del aparato decía “correcto”, “ok”, “enviao” o “ bien hecho, majo”.

Pues eso.