dilluns, 5 de gener de 2009

EL PRESIDENT




El president antes no se llamaba president. Pondremos que se llamaba Marcial. Lo ví por primera vez en el bar donde yo comía, en el trabajo. Él vivía al lado. Llegaba en su Porsche 911 Carrera, aparcaba encima de la acera, frente a la puerta del bar (un bar de lo más cutre y guarro), dejaba las puertas abiertas, la música maquinera a toda leche y se pedía unos cubatas a viva voz. Yo estaba en un rincón, comiendo, y pensaba: “este tío está fatal”.
En todo el tiempo que coincidí con él, no cruzamos más de cuatro palabras, ya que yo me enfrascaba en el periódico y tampoco tenía mucho que decirle.
Al cabo de un tiempo, cambié de turno, pasé a trabajar por las mañanas, y le fui perdiendo la pista.
Un par de años más tarde lo volví a ver. Se había mudado a otro pueblo, precisamente el mío, en un piso que estaba justo delante del bar donde íbamos (y vamos) después de jugar a fútbol, a tomar las cervecillas de rigor.
Y ahora ya no era el Marcial, ahora le llamaban president, un nombre que se había puesto él mismo. President de no sé bien qué.
El president, pues, seguía igual. Bueno, peor. Rápidamente se integró en el ambiente, nos venía a ver jugar, se quedaba en los post-partidos, bebía, fumaba y a todos nos hacía mucha gracia, de lo pirado que estaba.
Un día, en el club, estábamos buscando un patrocinador para nuestro equipo, para la temporada que se avecinaba. No sé porqué, pero se lo comenté. El president se ofreció al momento:
- Yo os patrocino, va, que tengo mucha pasta.
- ¡Ah, muy bien! ¿Qué quieres que pongamos en la camiseta, el logo de tu empresa?
(Marcial tenía un negocio, junto con su hermano, de alquiler de containers, de esos que se dejan en las obras para recoger la runa –no recuerdo cómo se dice en castellano-).
-No, no, quiero que pongáis un dibujo que hice yo, mira… - Y sacó una pegatina del bolsillo con una espada en diagonal y la cabeza de un caballo en medio.
Me la quedé mirando, extrañado.
- ¿Esto quieres que llevemos? ¡Y qué coño es?
Entonces me empezó a contar una historia de una espada del Cid, de la catedral de Burgos, de que sus hermanos lo metieron en el manicomio y de que iba a cambiar el mundo con sus poderes.
Desde luego, está fatal, pensé. Pero bueno, yo qué sé, cada uno es como es, a mí lo que me interesaba era lo del patrocinio.
- Bueno, tú pagas y yo te pongo lo que quieras. Son sesenta mil pesetas, para toda la temporada.
Al cabo de unos días, como prometió, me dio el dinero, que dí al club.
Hasta aquí, todo más o menos normal, dentro de lo que cabe.
Hasta que el president me vio una tarde y me dio un par de folios:
- Mira, Llorenç, lee esto, aquí está la verdad que salvará al mundo.
Decía así, tal cual:

EL LUCHADOR DEL CID CAMPEADOR

Compro un terreno en el poligono de Vall major y en la escritura escrita. Pieza, tierra, viña o hierma. Al ver una escritura que no te cobran la contribución, en los ayuntamientos cuando quieren te lo despropian. Al ver esto estube hablando con el dueño de la dicha propiedad me fue vendida y lo encuentro a la calle y hablamos sobre el terreno de las despropiaciones, y me dijo el abuelo:
- Marcial- me dice el abuelo-, tú con la fuerza que tienes de salud y trabajador serias capaz de mover la bola del mundo con un punto de apoyo, pero ese apoyo que no sea un ser humano por que te traicionaria y no la podrias mover, y yo le dije:
- Aquí hay abuelo el luchador del Cid Campeador hasta la muerte defenderé las tierras del mundo.
Aquí empieza la batalla:

Voy a encontrar a mi tío que trabajaba en un gavinete de abogados y me presenta una abogada, y al presentarmela me cito con ella en el bufet por la tarde, y le digo:
- Aquí te traigo la batalla, vengo a hacer una denuncia contra los monarcas, y me dijo ella que no era normal ir contra la monarquía y no me la podía hacer la denuncia. Yo la asoborné que si no me lo hacia la mataba, al cabo de dos días hiba a llamar por la tarde y antes de ir por la tarde se presentó mi tio que estaba loco y la abogada estaba con depresiones y luego ya dejé muerto la batalla de los abogados con las presiones de la família.
Entre yo mismo me dije:
- Me voy a tirar al monte con las cabras, me voy a las set casas (*) a rezar ante Diós y le dije que tantos mandamientos al ser humano es un follón y cojimos dos piedras y que me escuchara Dios que yo queria 4 mandamientos, y eso cuatro eran:
- No matarás
- No robarás
- Amarás
Y el cuarto moriréis o vivriréis como escuché a Diós.
A ir con el Diego el corbatín me hizo doler ya el corazón que se lo tomaba todo a cachondeo. Luego llego a casa por la noche y me acuesto y a la mañana siguiente vino el hermano que yo había dejado las puertas abiertas, y yo no le dije nada, que eso fue un milafro, Luego al cabo de unos días me pongo a rezar el San Antonio que está en el establo pidiendo a los Santos y a Diós que me apoyaran que nunca les defraudaría. Mi hermano lo vé y coje una botella de vidrio y le pega un botellazo en el Santo que es de porcelana y salió una yama de fuego y no lo rompió.

Me voy a Burgos a ver la estatua de Cid Campeador y le prometía que llegaria al final hasta la muerte y luego me voy a la Catedral de Burgos con la capa de mi primo y la llave del huerto de mi padre y con el pecado mortal que uno de los hermanos cometió.
Me presento dentro de la Catedral y veo un bisba (**) y le digo:
- Hijo de la gran PUTA te traigo la llave de la justicia de la injusticia hijos de puta que estáis con los órganos, las drogas y hambre del ser humano y aquí tienes un espejo pequeño donde le hice una cruz que desaparecia la cruz y le dije:
- Por más que limpie el vidrio del espejo siempre estará esta cruz en la catedral donde si Diós quiere coronaré con el mejor diamante que haya existido jamás a la reina del mundo, y me fuí a paso ligero y al salir de la puerta me encuentro un cura y le digo:
- He dejado la llave de la justicia, de la injusticia, de la justicia si Diós quiere.
Y me voi corriendo en el otro lado de la ciudad para que no me reconocieran.
Salgo pitando con el coche y al distanciarme de Burgos veo los pájaros que me empujavan al coche para que no me cojieran, hiba por 220 km/h. Y al llegar en casa pues me embían a un valdeario de La Garriga y me voy por la tarde a las montañas a rezar con las vacas, y por la noche me viene mi hermano y unos amigos i del valdeario al maricomio de Santa Coloma.
Transcurrido unos días viene mi hermano al maricomio y me dice a ver lo que he liado a La Garriga que las vacas estaban en el pueblo, que las abuelas decian que había venido un Santo. A cabo de unos días se me lleban a una granja el Lluís Cardús donde me estaba curando de la droga y no pude resistir más de Diós de todo y me tiré de lo más alto de la masía y no me hice nada, excepto un resguño en la nariz.

(*) Setcases, pueblo del Ripollès, en el Pirineu de Girona.
(**) Bisbe. En castellano, obispo.

Este está fatal, pero fatal de verdad, pensé al acabar de leer. Me reí un buen rato y me guardé el escrito, como curiosidad.
Otro día me lo volví a encontrar:
- Llorenç, toma treinta mil pesetas, que quiero hacer unas camisetas para los niños pobres de Marruecos con la espada del Cid Campeador. ¿Cuántas puedo hacer?
- Hombre, con ese dinero, unas cien. ¿Pero estás seguro? ¿Qué vas a hacer con ellas?-, le pregunté, ya un poco preocupado.
Ahorraré lo que me dijo, pero insistió tanto que me quedé el dinero, pero decidí no hacer nada de momento, porque la cosa ya me estaba pareciendo excesiva.
El President estaba fatal, verdaderamente.
Dos días después lo vi de nuevo y acabé de corroborar mis suposiciones.
- Llorenç, te voy a dar un millón de pesetas para los niños pobres de Marruecos.
Ahí sí que me hice el loco, pero no como él, sino que me escaqueé como pude.
Y tenía razón: a la semana siguiente me vinieron a ver al trabajo el hermano y la hermana del president, diciéndome que lo habían ingresado en el sanatorio mental de Santa Coloma, y que si había hecho alguna cosa rara. Yo lo conté todo, que no sabía nada, pero que ya hacía días que me parecía todo muy raro. Les devolví las treinta mil pesetas, pero las sesenta mil no pude, pues ya las tenía el club y ya no podía hacer nada (qué iba a contarles…).
El hermano me miró mal, creo que sospechaba que me había aprovechado de su hermano y que me había quedado con el dinero. La hermana no, menos mal.
Al cabo de un tiempo, el president salió, se calmó, dejó de beber, de fumar, y volvió a ser conocido como Marcial.
Ahora está bastante mejor. De vez en cuando, rememorando viejos tiempos, como sabe que aún tengo su escrito y él lo perdió, me pide que se lo dé, pero me hago el loco y le contesto que lo tengo en cajas, que estoy de mudanzas.
Por si acaso, cada vez que lo veo estoy de mudanzas.