dilluns, 17 de novembre de 2008

DÉPARDIEU


El sábado por la noche soñé. Me encontraba en el interior de una gran mansión de techos que tocaban el cielo, paredes blancas, iluminación gris de candelabro (como en “Barry Lyndon”, de Kubrick) y pasillos interminables. Andaba por allí con no sé quién y de pronto sonó un disparo que provenía de la habitación que estaba al fondo.
- ¡Mi hermano!-, grité.
Corrí hacia la puerta con el corazón en un puño, y la abrí.
Se encontraba de pie, mirando desde lejos la ventana, desde donde asomaba una tenue luz. Al oírnos entrar, mi hermano giró la cabeza hacia nosotros, caminó unos pasos, volvió a mirar hacia la ventana y se desplomó.
Mientras el pobre caía a peso, vi la parte de atrás de su cabeza ensangrentada, con un orificio de bala. Se había pegado un tiro en el cogote.
Mi hermano era Dépardieu. Gérard Dépardieu.

Pues no lo sabía, la verdad... Físicamente, nadie lo diría.