dimecres, 25 de juny de 2008

DE TÓRTOLAS Y SUEÑOS


Me levanto muy pronto para ir a trabajar. La alarma del móvil (el mayor legado de la telefonía actual, te ahorras darle cuerda al despertador y oír el molesto tic-tac tic-tac) está puesta a las 6,45h (en realidad a las 6,35h, llevo la hora diez minutos avanzada), y, maravillas de la ciencia, suena cada día, llueva, nieve, granice o haga sol.
Esto del reloj biológico debe ser cierto, ya que suelo abrir algún ojo antes de que me avise el teléfono. Cuestión de costumbres. La puta rutina.
Y, si algún día me despisto, siempre tengo a las tórtolas.
En cuanto empieza a asomar el sol por el horizonte, o incluso antes, ya están en movimiento, y suena sin cesar su característico sonido: uuh-huuuiii, uuh-huuuiii!, un grito constante y mecánico, monótono incluso.
Y al final, pesado.
Y, por si no hubiera suficiente, de vez en cuando sobrevuela una gaviota encima de casa y también suelta su alarido matutino.
Así que lo tengo complicado, quedarme dormido.
Dicen los interpretadores de sueños lo siguiente sobre las tórtolas:
"Representa la fidelidad y el afecto, que serán perfectos si las tórtolas soñadas se hallan en libertad, y se tratará de un amor contrariado y desgraciado si se hallan enjauladas."
Bueno, los sueños, sueños son, y yo las escucho, no las sueño. En todo caso se incrustan en mis sueños, de buena mañana.
Y que duren, los sueños, y el sueño que tengo cada mañana.