divendres, 16 de gener de 2009

GENTE

Ayer llamé a la asistencia de la moto para que una grúa la llevara a mi pueblo. Me habían robado el macuto y, listo que soy, tenía allí los dos juegos de llaves, aparte de otras cosas varias. Y menos mal que me dio el punto, diez minutos antes, de ponerme la cartera en el abrigo: entonces sí que me hubiera cagado en todo. No por la pasta, que ya ves (además, la llevo en los bolsillos), sino por la rabia que da tener que ir a renovar deeneíses, carnetes de conducir, anular tarjetas y todos esos asuntos tan divertidos y que nos hacen tan felices.
El gruero tardó poco (cosa rara), el tiempo de una cerveza y unas páginas del periódico. Cargó la moto en un periquete y le acompañé a dejarla en el taller que hay debajo de casa. Se llamaba David, creo, y hablaba mucho. Y como el viaje era de cuarenta kilómetros, habló por los codos. Resulta que había vivido muchos años en mi pueblo, Arenys de Mar. Se fue de allí cuando la novia lo dejó (aún estaba resentido después de tanto tiempo, a juzgar por algún comentario misógino que soltó), y como era muy dicharachero conocía a todo el mundo. Me empezó a preguntar si sabía de éste, del otro, y yo le iba respondiendo que no, que no, que no, coño. De hecho, aunque tenga allí mi casa, soy de otro lugar y mis amigos y conocidos los sigo teniendo allí. Le dije que apenas conocía al del chiringuito de la playa, a su primo, a alguna vecina y poco más.
- En Arenys hay gente muy rara-, me contestó.
- Bueno, en todas partes cuecen habas.
Entonces se puso a hablar de algún raro.
- Cuando yo vivía allí había gente muy pasada de vueltas. Supongo que deben de quedar pocos, de estos, se habrán ido muriendo. Había uno, el Chuzos, que estaba como un cencerro. Se pegó un hostión con su moto y le quedó una pierna inútil, sin movilidad alguna. Cuando habló con la compañía de seguros, le dijeron que, en el estado que había quedado, recibiría una indemnización de unos dos millones de pesetas. Pero que, si le cortaban la pierna, entonces la cantidad subiría hasta ocho millones. Ni corto ni perezoso, dijo que se la serraran.
- ¡Venga ya, no me lo creo!-, le dije, incrédulo.
- ¡Que sí, te lo juro! ¡Y eso no es lo mejor: el tío se gastó los ocho millones en un mes!
Ya sé que no debía, pero me reí un rato, imaginándome la situación.
David siguió hablando sin parar, intentando infructuosamente que conociera a alguien del pueblo. Luego ya pasamos a temas más profundos, como la marihuana. Pero eso es otra historia…
Dejamos la moto frente al taller y me dejó amablemente cerca del trabajo.
Entonces se calló.
El Chuzos...“Si es que hay gente pa tó”. Ya sé que es un topicazo, pero me encanta esta frase.
Pues eso, que hay gente pa tó...