dilluns, 30 de març de 2009

DOS




Julián siempre estaba en lucha consigo mismo. Todo lo que hacía o pensaba le parecía mal, o no del todo bien. Siempre encontraba alguna pega a cualquier pensamiento o decisión, alguna razón que le impedía decidirse ir hacia un lado o hacia otro.


Pensaba si lo que hacía era correcto o no; tenía demasiado en cuenta todos los puntos de vista habidos y por haber, estuviera o no de acuerdo con ellos.


Eso, parece ser, es lo que le ocurría a Julián. Se contradecía siempre él solo, sin ayuda de nadie, luchaba continuamente contra sí mismo.


Pero él sabía que no iban por ahí los tiros.


Julián eran dos personas, en realidad, dos mentes en un solo cuerpo: Julián y Juliano. Los dos pensaban totalmente al revés uno del otro. Por esa razón a todas horas discutían, rebatían y polemizaban sobre cualquier cosa. Era automático: Julián decía A, y Juliano respondía B, y además cada cual creía en ello de brazos en cruz, digo, de pies juntillas. Después de infinitas tribulaciones, finalmente la discusión se resolvía en un punto medio entre A y B, entre Pinto y Valdemoro, entre dos aguas, entre pescado y carne, entre o salga, pero no se quede en la puerta.


Alguna vez el ímpetu coyuntural del uno o del otro imponía sus ideas, pero no era habitual.


Además, el ganador siempre tenía la mosca cojonera que le decía aquello tan típico de:


- Vols dir*?-, lo cual siempre creaba una cierta desazón.


Con lo cual y resumiendo, que la vida interior de Julián-Juliano era de aquello más desasosiegante.


Sin embargo, hubo un momento en que Julián y Juliano empezaron a ponerse de acuerdo más rápido de lo acostumbrado. Las discusiones duraban poco, hasta el punto de que, con el tiempo, sus mentes se acabaron unificando, pensando básicamente lo mismo el uno que el otro.


Y pasó el tiempo, como siempre.



Un buen día Julián desapareció, sin dejar rastro, de puro aburrimiento.

*"¿Quieres decir?", literalmente. Quizás en castellano la traducción correcta sería: "¿Estás seguro?".