divendres, 28 de novembre de 2008

EL CORONEL Y SU DESPUÉS (I)


Mi bisabuelo, por parte de madre, era militar. Coronel. Murió en 1925, en Alhucemas. Según parece, se dirigía al hospital a hacer una visita a sus soldados heridos en combate, cuando le cayó una bomba encima, y adiós muy buenas. Estuve hace pocos años allí, de vacaciones, pero no vi rastro alguno de él. Ni una pestaña, jo.

El entierro, celebrado en Barcelona, fue multitudinario (lo pone en el Espasa). Hay una calle con su nombre y todo.
Eran tiempos en que era costumbre en las familias meter a los hijos a cursar la carrera militar (ahora, afortunadamente, eso ya se acabó): además de mi bisabuelo, el último general de caballería de Franco era también pariente (un general que tenía como ayuda de cámara al padre de José Luis de Villalonga, según cuenta él mismo en “El sable del Caudillo”) y un famoso compositor de habaneras llegó asimismo a coronel.
Por cierto, qué aburridas son las habaneras. Menudo tostón.
Hasta aquí, todo más o menos normal, si a la guerra de Marruecos se la puede adjetivar así.
Las sorpresas vinieron después del entierro.
Mi bisabuelo dejó una viuda y tres huérfanos. Además, eso también era costumbre, tenía una amante. Un amante, y siete hijos. En total, el coronel tenía diez hijos. La familia oficial, burguesa, clasista y demás, repudió al momento a los hijos ilegítimos, dejando a la amante con una mano delante y otra detrás, con siete bocas a las que alimentar. No sé cómo se las apañó, pero lo hizo.
Así quedaron las cosas, hasta que estalló la guerra civil. En los inicios del conflicto, a la viuda y sus vástagos se los cargaron. Los familiares, por aquello de perpetuar el apellido (dudo mucho que fuera por lástima) recuperaron a los hijos ilegítimos y les cambiaron el apellido, pues antes llevaban el de la madre natural.
A todos menos a uno, ya que había hecho el servicio militar y legalmente les fue imposible hacerlo.
Uno de estos nuevos hijos fue mi abuelo, al que no conocí: murió cuando yo tenía -22 años.

Mi madre, tres.

dimecres, 26 de novembre de 2008

ANDALÚ




El mundo se mueve, y las lenguas con él. Unas evolucionan y se tranforman, creándose nuevas, y otras simplemente desaparecen, bien porque mueren sus últimos hablantes, bien por la presión de otras más mayoritarias, las cuales, por razones económicas y políticas, se acaban comiendo a las pequeñas.
Se calcula que de las seis mil lenguas que se hablan en el mundo, la mitad están en peligro de extinción.
Da la impresión de que la tendencia sea que todo el mundo acabe hablando en inglés o castellano… Aunque, ahora que lo pienso, existe un posible rival a estas dos, que es el chino (el mandarín, ya que en China hay muchas otras lenguas). Quizás todo esto sea comparable a la política actual, donde se fomenta descaradamente el bipartidismo, cosa que me parece un verdadero disparate, sobretodo porque excluye a todo el que tiene otra opción que no sea la de los dos partidos que dominan el cotarro.
O blanco, o negro.
Y el gris marengo, qué?
Por eso se agradecen iniciativas como ésta. Lo he leído en el 20 minutos (que debería titularse 5 minutos):

Kon identidá propia. “Lah normah gráfikah ke ze prehentan en ehte dokumento zon, komo reza er zuhtítulo, una propuehta, abierta y flezible, pa empezá a trabahá”. Azí komienza la propuehta de normah ortográfika pal andalú, elaborá por el ehkritor Huan Porrah, de la Zoziedá pal Ehtudio’el Andalú. Una beintenah de personah trabaha en Andaluzía por “conzervá nuehtro legao kurturá”, azegura Guadalupe Bahkeh, de la zoziedá. “Keremoh azé dezaparezé la idea de ke lo andaluzeh ablamoh malamente el kahteyano. Hablamoh andalú”, komenta.
La Zoziedá ehtá kompuehta por ezkritoreh, antropólogoh, lingüihtah… Kada doh’z añoh ze reúne. La úrtima zita tubo lugá en Marxena (Zebiya), pa debatí propueztah ortográfica elaboráh por argunoh de zuh integranteh.


Pues me parece perfecto, hala.


Cómo me he reído esta mañana, madre. Me haré zocio de la zociedá, aunque luego hable andalú con acento catalán.


Pero sabré una lengua más.

dissabte, 22 de novembre de 2008

My Mort- La Death





De mi época de estudiante de turismo (uno de tantos errores) sólo conservo una amistad de verdad, el Modest. Nos reencontramos de uvas a peras, pero cuando lo hacemos, parece que fue ayer. La primera vez que lo volví a ver, después de la escuela, lo primero que me dijo fue esto:


- Estaba convencido de que te habías muerto.

- Pues te jodes, ya ves que no.


Un tipo curioso, el Modest. Fue él quien hizo que me interesara por David Bowie. Tenía todos los discos, se sabía vida y milagros y me atrajo su personalidad, su androginia, y su música, sobretodo A partir de entonces, lo descubrí por mí mismo, y conseguí todos los álbumes que publicó hasta 1980. El último, "Last Dance". A partir de este año, la carrera de Bowie se estancó, y ya no ha hecho nada especial que valga la pena.

Eso creo yo, vamos.


El Modest me regaló un día una rareza: un disco doble de una actuación en los USA durante su gira de Ziggy Stardust, en 1973. El vinilo era jaspeado, rojo y lila, y en el interior de la tapa aparecía Bowie, vestido de su peculiar faralaes ocupando toda la imagen, en actitud provocativa y mordiendo las cuerdas de la guitarra, con el pelo rojo e hinchado de laca y sus tacones de plataforma que ríete tú de cualquier drag-queen.


Una maravilla de disco. Aún no entiendo porqué el Modest me lo regaló, la verdad. Un año de estos se lo pregunto.


Había una canción que nunca antes había oído. Es ésta:






Impresionante, verdad? Cuanto más se escucha, más lo es.


Luego me enteré que es una versión que hizo de una de Jacques Brel, y que, incomprensiblemente, no aparece en ninguno de sus discos oficiales. En cambio, "Amsterdam",

la que también hizo una muy buena versión, sí que acabó publicándose en uno de sus discos, "Bowie At The Beeb (The Best Of The BBC Radio Sessions 1968-1972)".


No sabía en qué canción de Brel se había basado Bowie. La busqué, pregunté e indagué, pero supongo que no me maté mucho.


Hoy he retomado la búsqueda y la he encontrado. La música no, pero sí la letra.


"La mort".





La traduzco, más o menos:


La muerte me espera como una soltera
A la cita de la hoz
Para recoger mejor el tiempo que pasa
La muerte me espera como una princesa
al entierro de mi juventud
Para llorar mejor el tiempo que pasa
La muerte me espera como la bruja Carabosse
Al incendio de nuestras bodas
Para reírse mejor del tiempo que pasa

Pero, ¿qué hay detrás de la puerta,
que ya me espera?
Ángel o demonio, qué importa...
Ante la puerta estás tú

La muerte espera bajo la almohada
Y yo olvido despertarme
Para congelar mejor el tiempo que pasa
La muerte espera que mis amigos
Me visiten en plena noche
Para decirse mejor que el tiempo pasa
La muerte me espera en tus manos claras
Que deberán cerrar mis párpados
Para dejar mejor que el tiempo pase

Pero, ¿qué hay detrás de la puerta,
que ya me espera?
Ángel o demonio, qué importa...
Ante la puerta estás tú

La muerte me espera en las últimas hojas
Del árbol que hará mi ataúd
Para clavar mejor el tiempo que pasa
La muerte me espera en la lila
Que un sepulturero lanzará sobre mí
Para adornar mejor con flores el tiempo que pasa
La muerte me espera en una gran cama
tendida en los lienzos del olvido
Para cerrar mejor el tiempo que pasa

Pero, ¿qué hay detrás de la puerta,
que ya me espera?
Ángel o demonio, qué importa...
Ante la puerta estás tú


Buff...


Gràcies, Modest. Espero que no t'hagis mort, jaja. Si no, m'emprenyo.









divendres, 21 de novembre de 2008

QUÉ ES UN PAISAJE?



Lugar: Refugio de Gabardito, Echo (Huesca).
Fecha: Años ha, a media tarde. Sábado.
Temperatura: Fresca, agradable, tarde soleada.
Comida: Digestionando.
Bebida: Rosado Somontano.
Tabaco: Winston aliñado.
Mechero: Uno que robé.
Libro: A medias, por la página 197.
Papel: grueso, para acuarelas.
Lápiz: portaminas HB, del 5.
Intento de dibujo: Paisaje?
Rotulador: Uniball.
Mobiliario: Mesa y banco de madera maciza.
Paz: Casi toda.

Al refugio de Gabardito se puede acceder en coche hasta la puerta sin problemas, a no ser que la nieve lo impida. Así que, en tiempos de bonanza meteorológica, no es nada extraño encontrarse delante de la casa con numerosos coches que suben hasta allí (con gente dentro) para disfrutar del paisaje (¿) y darse un garbeo pirenaico. O para retozar un rato, o para desplegar una manta de cuadros sobre la hierba, sacar la cestita de mimbre del maletero y merendar. O simplemente para fumar, que en casa no le dejan.
Un sinfín de Oes, que hay.
En una de esas Oes me encontraba yo, sentado en el bar-comedor del refugio. Carmen, la jefa del tinglado, estaba en la barra enfrascada en sus quehaceres. De pronto entró un individuo. Pelo negro (poco), alto, barrigudo, camiseta roja de tirantes, pantalón azul corto de deporte, calcetines blancos con las típicas dos rayas azul y roja, y sandalias. Una riñonera entre la panza y sus partes. Para rematar, gafas de sol y bigote.
El hombre puso brazos en jarra, dio una vuelta sobre sí mismo, estilo torero, observando el local.
Finalmente, se giró hacia Carmen y le soltó, a grito pelado:
- Oiga!! Pero aquí… ¿DÓNDE ESTÁ EL PAISAJE?

Esto es un paisaje? Aguas Tuertas, cerca de Gabardito.
Tuve que salir al exterior a partirme el pecho, para no tener riesgos. Carmen se escabulló de la pregunta como mejor supo, esto es, escondiéndose en la cocina.
Cuando volví, el hombre seguía allí, tomando una cerveza. Se fumó un cigarro, se la acabó y se largó a buscar el paisaje.
Borré el dibujo que tenía a medias y empecé otro, sobre el tipo ese.
Cuando acabé, se lo regalé a Carmen, entre vinos y risas.


Espero que aún siga en el refugio, colgado de una pared.


El hombre no, el dibujo.

dijous, 20 de novembre de 2008

APOLOGÍA


¿A que tiene cara de tener más neuronas?
A mi gata, que no es ésta, también debería hacerle fumar,
que a veces se le olvida quién soy.
Esta es una palabra que siempre me ha gustado: apología. Me recuerda al dios Apolo, a la sala Apolo, al polo de limón (los mejores son los de hielo), al Polo (contigo al fin del mundo… ah, no, esto era del 205), al Polo Norte, a Amundsen (Polo Sur), al polo opuesto, al Apolo XII, a un dios con mucho morro (apologeta), Apolo con patatas, al polo negativo y a Carl Weathers (Apollo Creed en Rocky).
Desgraciadamente, de un tiempo a esta parte apología se asocia, gracias a los medios de comunicación, que la han puesto de moda, a terrorismo y a drogas, y a prohibiciones (¡eso sí que es lo más in!).
Prohibir, de eso sí que saben todos.
Pues yo voy a hacer apología, hala.
Y de qué?
Pues de qué va a ser, de las drogas. De una, en concreto.
He leído hoy una noticia sorprendente, que me ha puesto contento (si es que con cualquier tontería me animo): según un estudio científico de la Sociedad de Neurociencia de USA, “se han confirmado los efectos sintéticos del THC (tetrahidrocannabinol, el componente que pone a gusto) a la hora de retrasar la aparición de la enfermedad de Alzheimer en ratas mediante la reducción de la inflamación en el cerebro y la mejora de la memoria (…) La administración de un fármaco sintético basado en las propiedades del THC, denominado WIN, consigue también estimular la formación de nuevas neuronas en el hipocampo, la región del cerebro implicada en el aprendizaje y la memoria”.
O sea, como dice el titular: “Una marihuana sintética es capaz de generar neuronas”.
¡Bravo! Y como las ratas tienen la misma información genética en un noventa y pico (largo) por ciento que el género humano, lo primero que he hecho ha sido llamar a mi novio Manolo (que tiene una novia que se llama María) y contarle la buena nueva.
Y también se ha puesto muy feliz.
Luego, el autor del artículo, para no ser políticamente incorrecto, faltaría más, tiene buen cuidado a no comprometerse con el tema de la legalización, no sea que se le echen encima.
Pues bueno, si no lo dice él, ya lo digo yo:
¡Legalicen ya el tema, hombre! Se acabaría el tráfico ilegal, el estado cobraría sus impuestos sobre la comercialización, como con el tabaco, los balcones de las casas estarían más frondosos y así no haría falta plantar cincuenta millones de árboles (como vendían algunos), y cuidar las plantas ya se sabe que relaja un montón. Y fumar, más.
Estos son algunos de los beneficios que comportaría la medida. Pero aún hay más, como decía el Superratón (él también fumaba).
Ahora entiendo porqué me sé casi todas las preguntas del Pasapalabra, tengo más neuronas que antes.
Dejaré de estudiar Historia y me matricularé en Física Nuclear.

dimecres, 19 de novembre de 2008

LO TUCÀ

ASUN ALTERNA


Llega Asun vestida con un vestido estampado de suntuosas flores de colores. Horroroso, para qué nos vamos a engañar. Además, casi no le cabe: al paso que va, un día de estos tendrá que renovar vestuario, y eso será un drama de narices. Por dos razones, principalmente: por su bolsillo tacañero, y por la catarsis que supondría para ella cambiar algún aspecto de su trepidante y aventurera vida.
Dicho vestido perteneció a su madre, fallecida hace quince años, como poco. Siempre dice, al respecto: es de ropa buena, se lo hizo ella misma, porque cosía muy bien mi madre, mi pobre madre… Y entonces se le suelen escapar unas lagrimillas que le corren el rimmel mal pintado que se coloca deprisa y corriendo, antes de ir a trabajar.
Baja al vestuario, se coloca a duras penas la bata, sube, bona tardaaaaaaaaaaa, baja la altura de la silla y se apoltrona.
Sólo le asoma el cabezón, desde el mostrador.
Como buen animal de costumbres, Asun siempre dice bona tardaaaaaaaaa cuando llega, tenga buen o mal día.
Y hoy tiene un mal día, la Asun.
Cuando más se le nota es cuando vienen clientes (yo los llamo así) conocidos al mostrador. Es curiosa su manera de actuar ante las amistades.
Llega una vecina suya.
- Déme hora para el doctor Salvador.
Se quita la mano del moflete (para que no se le caiga la cabeza, que se duerme), levanta la vista y dice:
- Déme la tarjeta.
Mientras se concentra en el ordenador, la vecina le reconoce.
- Yo a usted la conozco. No vive usted en Baldomero Solà?
Se hace la tonta.
- Ah, no sé, si, no…
- Si, mujer, al lado del Bar Busquets, no? Yo vivo en los pisos de enfrente, los del Condis. Cómo está su hermana? Me supo mal lo de su padre…
Asun no contesta. La mujer, intentando entablar conversación, insiste, y la otra mirando el ordenador, sumida en la pantalla. Al final, levanta la cabeza y responde:
- Perdone, señora, pero no ve que estoy trabajando? No puedo hacer dos cosas a la vez, hablar con usted y trabajar.
La vecina se lleva un chasco del copón y se calla. Le da la hora y se va sin decir nada, abochornada.
Luego viene otra, a la que se ve que le cae un poco mejor.
- Hola, Asun, bona tarda.
- Ah, hola, qué tal, cóm estás? Cómo tú por aquí?
- Pues mira, hija, es que me tienen que operar de cataratas, que ya no veo un pijo. Normal, con la edad que tengo…
A la Asun esto la anima.
- De cataratas? Pues vigila, eh? A mi tía Rufa, que ya murió, pobre, la operaron de lo mismo y se quedó ciega! Y me sé de otras a las que les pasó lo mismo! Yo de ti me lo pensaría bien, antes de hacerlo.
La vecina se queda hecha polvo, y ya no dice nada más. Le dan su hora y se marcha.
- Bueno, adiós! Y piénsatelo bien, eh? Que te quedarás ciega!!-, dice la Asun.
- Si, si…
Se acaba la cola, vuelve a colocarse la mano en el moflete y dormita de nuevo, esperando a que llegue la hora de la merienda.

dimarts, 18 de novembre de 2008

EL PERAPEUTA EN EL PAÍS DE GALETS


Transcribo, para de vez en cuando no tener que pensar sobre qué
escribo (que me canso), un fragmento del artículo de ayer de Mr.
Màrius Serra, el jugador de las palabras.
La cosa pasó en Swansea, Gales:

“Según la ley galesa, los rótulos públicos deben estar en las dos lenguas del País de Gales (llamado Cymru en galés y Wales en inglés). Por eso, un funcionario monolingüe envió un texto en inglés a un traductor para que le retornara la versión galesa: No entry for heavy goods vehicles. Residential site Only. Es decir, la clásica prohibición que impide a los vehículos pesados entrar en las zonas residenciales. El traductor no estaba disponible, pero aún así el funcionario recibió una respuesta en galés: Nid wyf yn y swyddfa ar hyn o bryd. Anfonwch unrhyv waith i’w gyfieithu. Ni corto ni perezoso, colocó ambos textos en la enorme placa metálica del rótulo. Arriba el texto en inglés, una flecha separadora, y abajo el galés. A partir de ese momento, los conductores que llegaban ante la señal de Swansea leen en inglés Prohibida la entrada a los vehículos pesados. Zona residencial y, debajo, en galés, algo más personal: En estos momentos no estoy en la oficina. Por favor, envía el texto que deseas traducir “.

Luego se lía con disquisiciones sobre la desidia (y algo más) funcionarial a conocer ambas lenguas, poniendo como ejemplo algunos casos más cercanos a nosotros, pero eso ahora no viene a colación (siempre que no quieras un té, claro).
Acaba Màrius Serra su artículo así:

“Para el funcionario, es una pérdida de tiempo obligada por la tozudez de sus compatriotas galeses en hablar su enrevesada lengua. Otra actitud es posible. Hace años comía en el Guinardó, cerca de la oficina donde hacía los crucigramas. Era un cuchitril regentado por andaluces que cocinaban muy bien y su plato estrella de invierno era la sopa de galés".

(Galets, en catalán, es un tipo de pasta con forma de caracol que se usa sobretodo para la escudella, un plato invernal, habitual en Navidad).

Es curioso, el idioma de Cymru. Hace años estuve de paseo por las colinas (¿o eran montañas?) galesas y habían nombres de pueblos como éstos: Cwmcych, Mwnt, Pernthyndeudraeth o Llanfairpwllgwyngyll. Cómo narices se pronuncian? Llegué a ver un letrero con un nombre larguísimo (aunque no tanto como el de la foto), sin una sola vocal.
Palabras… Últimamente, por donde me muevo (sinuosamente, como los meandros) he escuchado más de una vez la palabra perapeuta. Intrigado, he investigado concienzudamente y, al no haber encontrado nada, he llegado a esta conclusión, ya que a las personas a las que he oído decir tal vocablo son mujeres:
- Un perapeuta es un psicólogo que se dedica a realizar terapias para que las tetas de una mujer, ya que tienen que convivir obligatoriamente durante toda la vida, al menos se lleven bien entre ellas.


Se aceptan otras definiciones.

dilluns, 17 de novembre de 2008

DÉPARDIEU


El sábado por la noche soñé. Me encontraba en el interior de una gran mansión de techos que tocaban el cielo, paredes blancas, iluminación gris de candelabro (como en “Barry Lyndon”, de Kubrick) y pasillos interminables. Andaba por allí con no sé quién y de pronto sonó un disparo que provenía de la habitación que estaba al fondo.
- ¡Mi hermano!-, grité.
Corrí hacia la puerta con el corazón en un puño, y la abrí.
Se encontraba de pie, mirando desde lejos la ventana, desde donde asomaba una tenue luz. Al oírnos entrar, mi hermano giró la cabeza hacia nosotros, caminó unos pasos, volvió a mirar hacia la ventana y se desplomó.
Mientras el pobre caía a peso, vi la parte de atrás de su cabeza ensangrentada, con un orificio de bala. Se había pegado un tiro en el cogote.
Mi hermano era Dépardieu. Gérard Dépardieu.

Pues no lo sabía, la verdad... Físicamente, nadie lo diría.

divendres, 14 de novembre de 2008

COUCHÉ III (cap. XI)




Me reí ostentosamente.
- ¿Cura? ¿Se hizo cura? ¡Venga ya, señor Couché! Ciertamente, al final va usted a conseguir que no me crea de la misa ni la centésima parte.
Couché me respondió, sonriente:
- Imaginaba que me dirías esto. Anda, acabémonos las copas y vamos a mi casa, que te quiero enseñar algunas cosas. Pagabas tú, verdad?
- Yo no, Le Monde Sportif. La casa es grande.
Me dirigí a la barra mientras mi entrevistado salía a la calle.
- Te espero fuera, que si me acerco a ése le meto.
Al llegar a su casa, se sirvió otra copa.
-¿Quieres una?
- No, gracias, ya voy lo suficientemente puesto. No se moleste por lo que le voy a decir, pero… ¿No bebe usted demasiado? Desde que he llegado no ha parado de darle al “alpiste” (alpiste, en francés).
Couché no me miró mientras me contestaba.
- Todo tiene relación en esta vida, hijo mío… El atletismo, Zatopek, el cura, François, René, la guerra… Y también el alcohol -, dijo, mientras volvía a empinar el codo;- ¿seguro que no quieres?.
- No debería beber más, pero… Venga, va, la penúltima.
Entonce miré hacia arriba.
- Quién era negro, René o François?
André me miró, divertido.
- Jajaja, no, hombre, no. Es culpa del capullo que hace el blog, que ha colgado la primera foto que le ha dado la gana.
Me indicó que le siguiera.
- Ven, te enseñaré unas fotos y, entre otras cosas, verás como no era negro.
(Continuará)

dimecres, 12 de novembre de 2008

HINDENBURG



Un buen día
Descubrí que
Mi novia
Soltaba lastre
Todo quedó
Hecho un desastre

Jacinto Pérez Furriel, poeta boliviano (1915-1987).

dimarts, 11 de novembre de 2008

COUCHÉ III (cap.X)

Henri tardó lo suyo, para chinchar a Couché, pero fue lo bastante listo para traer los coñacs justo antes de que éste le montara un cirio, pues ya se estaba poniendo bastante nervioso.
- Ya era hora, cojones!
- Imbécil…-, se oyó murmurar a Henri, mientras se alejaba.
Couché cogió la copa y la miró al trasluz.
- Le he oído, pero no me apetece romperle la cara, ahora-, cuchicheó.
- Si que tiene usted mala leche, Couché…
- Uy, si ahora estoy calmadísimo, ya se sabe, con la edad… Antes me peleaba hasta con las piedras.
- Pues menos mal que yo le caigo bien, si no…
Me lanzó una mirada asesina que me dejó petrificado:
- ¿Y quién ha dicho que me caes bien?
Me invadió una sensación de ridículo y bochorno que no supe disimular.
- Perdone… perdone, señor Couché, yo creía que…después de todo el día charlando… los dos...- balbucéé, colorado como un tomate maduro.
André cambió su cara de golpe, soltó una risotada que resonó en todo el bar y me dio una fuerte palmada en la espalda que casi me hizo verter el coñac.
- ¡Era broma, hombre!¡Pardillo, que eres un pardillo!
Aquello ya no me hizo tanta gracia. El tipo este se estaba tomando demasiadas confianzas conmigo. Después de todo, nos habíamos conocido hacía unas pocas horas. Me acabé de un trago el Armagnac. Couché se debería dar cuenta por la cara que puse, porque me dijo:
- Venga, no te enfades, Laurent. Ya sé que tengo golpes de humor un tanto rebuscados, pero no lo hago con mala intención. Te he cogido aprecio, que lo sepas; en caso contrario, no estaríamos ahora aquí, sentados tan ricamente.
Miré la hora.
- Bueno, seguimos o no? Me va a contar qué le ocurrió a François?
- ¡Henri, dos coñacs más!- gritó Couché, dirigiéndose a la barra.
Al paso que voy seré incapaz de levantarme de la silla, pensé.
- Pues, como te dije hace un rato (y si no lo digo ahora): François era lo más ateo que he visto en mi vida. No creía en Dios ni en la Virgen ni en la Iglesia, sobretodo en la Iglesia. Veía una sotana y se ponía enfermo, escupía en el suelo. Y no sólo a la Iglesia tenía atravesada, cualquier religión le parecía una engañabobos, una excusa más del poder para oprimir mejor a la gente, aprovechándose del temor e incultura popular. Y eso lo tuvo claro desde bien pequeñito, imagina, a los ocho años se negó en redondo a hacer la comunión, y no hubo manera, por mucho que se emperró toda la comunidad católica. Le castigaron durante cuatro meses sin salir de casa, encerrado en su habitación, pero ni por esas.
Pegó un largo trago.
- Cuando salió de su castigo, François aún era más anticlerical.
- ¿Y usted? ¡Cree en Dios?
- ¿Yo? Tú me ves con pinta de creyente o qué?
Me rasqué la cabeza.
- Bueno, cosas más raras se han visto en la viña del señor… Pero dígame una cosa, señor Couché: ¿qué tiene que ver la religiosidad con todo lo que me estaba contando hasta ahora? ¿Qué tiene que ver sus apuestas entre amigos con si François creía en Dios o en una maceta?
Couché apuró la copa y me miró fijamente:
- Pues… porque sí que tiene relación. De hecho la tiene toda. François prometió a René que, si le ocurría algo (si se moría, vamos), él se ordenaría cura.

Como el cura Tribujena, que murió de pena ajena...
(continuará)

diumenge, 9 de novembre de 2008

LANCASTER, 20




Cuando decidí largarme de casa, hice el petate y bajé a la cocina-salón, donde se encontraba mi madre viendo uno de sus programas favoritos de sobremesa, un documental de algún pintor, o yo qué sé. Me situé detrás de la butaca donde estaba apoltronada y le dije:
- Mama, que me’n vaig a viure fora.
Ni se giró.
- Doncs adéu.
Fue tan calurosa la despedida que no supe qué decir.
- Bé… Adéu…
Al abrir la puerta, sonaron las cañas colgadas en el techo. Aún siguen haciendo ruido (no desde entonces, sino que las cañas continúan allí, moviéndose cuando alguien entra o sale). Me alejé, despacio, por en medio de la calle, confundido y triste, pero sobretodo confundido.
Iba a escribir sobre un vecino que tuve, Blas, todo un personaje, pero acabo de recordar otra cosa.
Otro día, Blas, tranquilo, no te preocupes, que ya pillarás.
Sigamos con mi madre.
Teníamos unos vecinos, ya mayores, que vivían enfrente, en una casita. Eran de Barcelona, y venían casi todos los fines de semana. Cuando murió la señora María, la vecina, el sr. Jaume, lleno de pena, vendió el piso que tenía en la calle Lancaster, paralela a las Ramblas. Es una calle corta, empieza en Nou de la Rambla y termina en l’Arc del Teatre, casi tocando a Colom.
La vendió por doscientas mil pesetas, regalada.
Yo ya no vivía en casa (creo que estaba en Castelldefels), pero acompañé a mi madre a ver el piso.
Calle Lancaster, 20.


El 20 es el primer portal de la izquierda. La persiana de al lado era un establecimiento de comidas para pobres. Por trescientas pesetas, comías. Poco, pero comías.

El edificio era antiquísimo, destartalado, por fuera y por dentro. Se entraba por un portalón que pesaba un montón (rima fácil) y chirriaba como un elefante en celo. Las escaleras, muy amplias, estaban desconchadas, llenas de baches y agujeros, y había que vigilar un poco para no darse de morros contra el suelo.
El piso era un entresuelo, y nunca mejor dicho. La puerta baja, debías agacharte (yo, al menos) para entrar; una vez dentro, se bajaban unas escaleras muy estrechas, también peligrosas. Detrás de la puerta, una taza de water, que a duras penas cabía en el cuartucho.
El piso era minúsculo, veintidós metros cuadrados.
Cuesta creer que dos personas mayores pudieran vivir allí dentro: era una habitación dividida en dos por medio tabique, con una sola ventana que daba a un patio interior, sin ducha, con un hornillo eléctrico como cocina. Las paredes estaban empapeladas de flores de color amarillo chillón, aunque con el polvo incrustado eran de un ocre oscuro. Armarios antiguos, enormes, lámparas de cristal llenas de roña, y dos camas donde uno no osaría acostarse, así por las buenas. Para acrecentar la sensación de claustrofobia, había un sobretecho de yeso, cañas y paja que yo tocaba con las mano sin ponerme de puntillas.
A pesar de todo, era un regalo, ¿no? Doscientas mil pesetas…
Cuando volví de Castelldefels encontré un trabajo en un pequeño hotel de Barcelona, de recepcionista, y le pedí a mi madre que me dejara vivir allí, en su piso. A regañadientes, aceptó.
Una vez instalado, mi madre contrató a un paleta que conocía de l'Escola Massana, donde estudiaba pintura, escultura, retablo y todo lo que se le ponía por delante (mi madre, no el paleta). Éste era un hombrecillo pequeño, delgado, el típico albañil chapucero, que igual te levantaba una pared que te freía un huevo (de gallina). Pero lo veía poco, mi turno era de mañanas y cuando él acababa, yo aún no había vuelto.
Eso cuando venía, porque lo hacía cuando le daba la gana. Imagino que mi madre haría lo mismo, a la hora de pagarle.
Colocó un plato de ducha en lo que era la cocina, cambió el inodoro, y entonces se dedicó a quitar el falso techo. Yo, que soy un desastre en el tema del orden, tenía toda mi ropa, sin doblar ni nada, encima de una de las camas.
Un día, al volver del hotel, me encontré con que el paleta de las narices había tirado el techo, sí, pero no había cubierto nada: a saco, Paco. Todo el piso estaba lleno de cañas, paja y yeso, sobretodo yeso, por el suelo, las camas, toda mi ropa blanca, los cables de la instalación eléctrica por allí colgando… Y eso que había un plástico grande para cubrir, pero no, el señor no se debió acordar que allí vivía alguien.
Pillé un cabreo de mil pares, y creo que celebré mi mala leche con una botella de vino blanco a granel y doscientos gramos de mojama exquisita que vendían en una charcutería-bar que estaba en las Ramblas, y que ya la cerraron, como han cerrado ya casi todos los garitos que valían la pena por el Raval.
Evidentemente, a finales de la tarde ya se me había pasado el enfado, ya estaba hecho, què hi farem. Por la noche, vinieron unos amigos a verme. El Gole, que es un cabroncete (como yo, más o menos), empezó a chincharme diciéndome que debería echarle la bronca al paleta. Al final me convenció y le escribí una nota, que colgué en uno de los cables colgantes, para que la viera cuando llegara al día siguiente.
La nota decía algo así:
“ES USTED UN CERDO. ¿No sabe que aquí vive gente? ¿No podía haber cubierto, al menos, la cama? Espero que la próxima vez tenga el pequeño detalle de hacerlo, ya que, si a usted le da lo mismo ir por la calle hecho un asco, a mi no. ¿De acuerdo? ¿me ha entendido con claridad?
Firmado: Llorenç."
Se fueron los colegas, y a las seis y media me levanté y me fui a trabajar.
El paleta, cuando llegó a casa, lo primero que vio fue la nota que le escribí. Se pondría furioso el tipo, porque se fue corriendo a l’Escola Massana, en la calle Hospital, cerca de allí, y entró en el aula rebosante de alumnos, donde estaba mi madre, sin llamar, blandiendo el papel de marras y gritando como un poseso:
- ¡Mire!¡Mire!¡Mire lo que me ha escrito su hijo!
Cuando volví a casa, sobre las cuatro, mi madre estaba allí, y ya me había recogido los bártulos.
- Hola, ¿qué haces aquí?
Mi madre, sin mirarme casi, dijo:
- Ya puedes agarrar tu petate y largarte de aquí.
Entonces comprendí.
- ¡Pero mama, si es verdad, es un cerdo!
- Que te vayas.
- Y dónde voy ahora?
- Yo qué sé, ya te apañarás.
El bochorno que debió pasar en la clase, la pobre, debería ser impresionante.
Y bueno, me fui con viento fresco.
A los dos minutos, me encontraba caminando, macuto en ristre, subiendo por las Ramblas, pensando dónde pasar la noche…


Esta es mi madre.

dijous, 6 de novembre de 2008

SANGRE


Eran siete hermanos

Tres tenían seis

Tres tenían cinco

Uno tenía tres

dimecres, 5 de novembre de 2008

JUEGOS


Suelo leer todo periódico que pasa ante mis narices, aparte de comprar el mío propio, cosa que, como no tiro nada, al cabo de unos días tengo overbooking de papel. Si tuviera chimenea me irían de perlas, pero como no es el caso (qué pena), pues voy haciendo slalom, esquivando los diferentes montones de diarios que voy dejando por casa. Tendré síndrome de Diógenes?
Vaya, ya me estoy dispersando, para variar.
Sigo.
Las noticias las miro así por encima, total, en todas partes hablan y dicen lo mismo. Me detengo, sobretodo, a leer los artículos de opinión.
Javier Ortiz, Josep Pernau, Maruja Torres, Josep Mª Espinàs, Baltasar Porcel, Isabel-Clara Simó, Iu Forn, Rafael Reig, Quim Monzó (al que últimamente no sé qué le pasa, está raro), Sergi Pàmies… y Màrius Serra. Y alguno más que me dejo, claro.
M. Serra es muy divertido.
Juega.

Verbalia.com. El país de los herbívoros. Màrius Serra i Roig (Barcelona, 1963) se toma la vida con Filología, desde antes incluso de licenciarse en la Universidad de Barcelona en la modalidad (o disciplina) Inglesa. Màrius Serra, fundador de Verbalia, Rafael Hidalgo y Beatrice Parisi, gobiernan de modo un tanto anárquico el pais de los verbívoros, y son los principales irresponsables de propagar la epidemia, porque promueven el uso y abuso de las lenguas sin tomar ningún tipo de medidas. Por separado son peligrosos, y juntos ni se sabe, porque no se pueden ni ver (están muy atareados).

Juega con las palabras.

En su artículo del lunes, habla de una invitación que recibió para asistir a una conferencia que daba Joan Puigcercós, “Una mirada republicana als valors”:

No asistí (…) Recibí un correo de un lector que me incitaba a buscar dónde había pronunciado la conferencia. Lo miré: en el Auditori ONCE de Barcelona. La conclusión de mi corresponsa era clara: ir a definir la “mirada” republicana en el auditorio nacional de “ciegos” es, cuanto menos, chocante” (…) A mí, la presunta paradoja de la mirada de Puigcercós me recordó una comparecencia de la consellera Montserrat Tura cuando dirigía el Departament d’Interior. La consellera presentó un plan para intentar que los accidentes disminuyeran y lo llamó, como quien no quiere la cosa, “pla de xoc”.

Luego, ya se va soltando:

También oí a una líder feminista declarar, en un contexto que aludía a la discriminación laboral de la mujer cuando estaba embarazada:”les dones no hem estat mai compreses”. La perversidad del lenguaje es una constante.

Quizás lo que más me atraiga sea que, aprovechando los juegos, cuenta anécdotas. Más adelante habla de un caso en que una pareja que se había comprado un piso que estaba afectado y a punto de demoler:

Lo sarcástico del triste caso es que el piso en cuestión estaba sito en la calle Passerell (pardillo, en castellano).

Otra. Siempre va a comprar petardos, cuando llega la verbena de Sant Joan, a la misma caseta:

Como voy sólo una vez al año, me costaría mucho más orientarme si no fuera porque recuerdo bien el nombre de la calle: Perill (peligro). En Girona, en cambio, en la calle Perill no venden petardos, pero sí productos relacionados con el cannabis en una tienda de nombre muy vegetal: Dr. Cogollo.

Bueno, sobre esto último, personalmente, no veo peligro al tema del cannabis. En todo caso, y siguiendo con el juego de palabras, al hecho de fumar petardos.

Y la última:

El lingüista Lluís de Yzaguirre me recordaba como una de las primeras clínicas que practicaron abortos en Barcelona estaba sita en la calle Cardenal Vives i Tutó, tres nombres que chocaban por motivos obvios con dichas prácticas.

A esto, entre otras muchas cosas, supongo, se dedica este hombre. Envidia sana, me da.

Qué bien se lo pasa, verdad?

dimarts, 4 de novembre de 2008

LES NOIES DE TOST


Vista del valle de Tost, con el Cadí al fondo.

Las reuniones familiares, habitualmente, son un coñazo, al menos para mí (sé que a algunos, como a Javier Ortiz y a María, la novia de mi novio, no les gusta este término: lo correcto sería, según ellos, peñazo, o tostón, o similar, pero como me gusta llevar la contraria, pues eso, coñazo). Pero, de vez en cuando, suceden cosas que hacen que haya valido la pena asistir.
Por ejemplo, el viernes pasado fui a casa de mis padres a celebrar la castañada. Y mi padre me contó una historia.
A finales del siglo XIX, Tost (Alt Urgell, Lleida) era un pueblo ya en franca decadencia, no sólo económicamente, sino también en lo demográfico. Muy lejos, lejísimos, quedaban los años prósperos, los tiempos de Arnau Mir de Tost, allá por el siglo XI, al que a alguien se le ocurrió llamarle “El Cid catalán”, por sus hazañas bélicas (que manía tienen algunos, con esto de las
comparaciones).

Castillo de Mur, una de las muchas fortificaciones fronterizas
que Arnau Mir de Tost mandó erigir en su lucha contra los árabes
(ilustración cedida amabilísimamente por Llorenç Pubill).
Por aquel entonces, el gobierno del estado español tenía implantado el servicio militar obligatorio, y todo varón apto (pobre, porque el rico no iba: pagant, Sant Pere canta) debía acudir a la llamada de las armas, sí o si. A principios del siglo XIX la duración del servicio llegó a ser de ocho años, y se fue reduciendo hasta los tres, hacia el final del siglo (http://www.elmundo.es/papel/hemeroteca/1996/04/28/cronica/104956.html).
Esta medida era una verdadera sangría para las familias con menos recursos, evidentemente, pero en el valle de Tost aún lo era más, ya que la tierra era seca, poco fértil y con gran escasez de agua, lo que hacía que la economía local no pasara más allá de la purasubsistencia. Encima, el ejército les privaba de la principal mano de obra para trabajar los campos.
En esos tiempos, el secretario del pueblo de Tost se llamaba Ignasi Vilarrubla. Este buen hombre, propietario de unas cuantas tierras, veía como el nivel de vida de la población del valle, ya de por sí bajo, iba menguando a ojos vista: los campos se quedaban a medio labrar, y las familias a duras penas tenían para comer.

Aspecto de una de las constucciones que, como pueden,
aún resisten el paso del tiempo en el valle: La Barraca, en Cal Serradal.
Un buen día al secretario se le ocurrió una idea luminosa: como él mismo era el que escribía
y registraba a todos los niños que nacían en el municipio, que comprendía Torà, Castellar, Sauvanyà y La Bastida, además de Tost, decidió, a todos los recién nacidos varones, ponerles nombre de niña.
Así, de esta manera, al llegar a la edad de ser llamados a filas, el mando militar, simplemente, no reclamaba a nadie de por allí. Ignasi Vilarrubla, no obstante, no hacía esto únicamente para ayudar a sus vecinos: a cambio de esta medida, pedía a los padres del niño-niña que nacía que, cuando estuviera en edad de agarrar el azadón, trabajara gratis en sus tierras durante dos meses. Trato que aceptaban todos de buen grado.
Esta argucia del secretario funcionó durante muchos años: nacían niños, se les ponía nombres femeninos, al cumplir diez o doce años se ponían a trabajar durante dos meses a las órdenes del sr.Vilarrubla, no hacían el servicio militar, ya que nadie los reclamaba, y sanseacabó.
Pero, evidentemente, un buen día alguien se fijó en este pequeño detalle. ¿Cómo era posible
que en Tost sólo nacieran niñas? Así que las autoridades pertinentes resolvieron enviar un representante al valle, a ver qué diantres ocurría.
Y, claro, finalmente se descubrió el pastel. El revuelo que se montó fue considerable.

A Ignasi Vilarrubla lo denunciaron, pero, a una semana de la celebración del juicio, el pobre falleció de repente. A las niñas que en realidad eran niños, y muchos no tan niños, se les obligó a hacer el servicio militar en La Seu, en cuanto les tocara. A los que ya habían sobrepasado la edad de ir, también se les obligó. Y, cuando los quintos normales veían a esa gente tan mayor, en comparación con ellos, vestidos de uniforme y recibir instrucción como a cualquier recluta,
y preguntaban quienes eran, las gentes del lugar respondían:
-Són les noies de Tost.
Toda esta historia se lo contó a mi padre el padrí, mi bisabuelo Ignasi, al que yo llegué a conocer (murió con noventa y tres años). También le explicó que, cuando enterraron al secretario, acontecimiento que reunió a buena parte de la comarca, lo que había en el féretro no era el Sr. Vilarrubla, sino un tronco de roble.
Por cierto, el padrí, mi bisabuelo Ignasi, también trabajó durante dos meses en las tierras del Sr.Vilarrubla.
Y, cuando nació, le pusieron Ignacia.