divendres, 22 d’agost de 2008

TETRALOGÍA BESUGA (II)


-Hola, Celacanto.
-Perdona, pero me llamo Mero, no Celacanto. Mero Martínez.
-Entonces, no eres mas que un mero Mero.
-Bueno, eso depende de por dónde sople el viento. Si sopla hacia arriba, soy un mero Mero, como bien dices, pero si lo hace hacia abajo, me convierto en un calamar relleno.
- ¡Qué rico, me encanta! Relleno de qué?
- Patas de calamar, harina de galleta, sofrito de tomate, cebolla y ajo, un poco de carne picada y para acabar de darle ese sabor que me caracteriza le añado unas pocas alcayatas del ocho.
- Tienes que estar delicioso… Puedo lamer?
- Y ahora porqué me hablas en francés? No puede decir la mar, o qué?
- Si, pero es que me han entrado unas ganas locas de tomar un helado, y eso me ha recordado a París.
- Y qué tiene que ver París con los calamares rellenos?
- Tiene que ver, y mucho. Verás, cuando era un mero zagal…
- O sea, un mero pequeñito…
- No, un zagalín…
- Zagalín el aventurero? Esa novela es de Pío Baroja…
- Pues mi primo tiene un bar que se llama así: Bar Oja.
- Qué casualidad, mi hermano es barrendero del ayuntamiento…
- Si? ¿Qué pequeño es el mundo, verdad?
- Bueno, depende de cómo se mire: un elefante lo verá diferente de una hormiga.
- En eso tienes razón, a no ser que lleven la misma graduación en sus gafas.
- En fin… Por cierto, y usted quién es?
- No lo sé, ya no me acuerdo. Lo único que sé de buena tinta de calamar relleno es que me voy de vacaciones.
- Volverás?
- Espero que tal vez…
- Ansiosamente te aguardaré, pues, tal vez, para que me acabes de contar lo de París.
-Sí, eso siempre nos quedará...