dilluns, 30 de juny de 2008

USURA



Usura iba por el campo, paseando a la vera del río, tranquilamente, como quien no quiere la cosa. Le gustaba andar por allí, sintiendo el frescor, el murmullo del río, el trinar de naranja de los pájaros...
Usura era de natural alegre, excepto cuando se acordaba de sus padres en el momento que acordaron ponerle ese nombre. Pero esa es otra historia, que ahora no viene al caso.
La noche anterior había llovido copiosamente, tras muchos días de pertinaz sequía, como se decía antes. La senda por donde transitaba Usura estaba resbaladiza, por tanto, pero ella no prestó mucha atención.
Así que, en un recodo del camino, Usura resbaló, con tanta mala suerte que se torció el tobillo y se clavó una astilla que andaba por allí, provocándole un profundo corte en la espinilla.
Usura estaba en el suelo hecha polvo, quejándose del dolor que le producía el percance de marras; tuvo la suerte de que en ese preciso momento pasaba por allí, canturreando, el cura Tribujena, el que, con los años, murió de pena ajena.
Vió a Usura en el suelo, agarrándose la pierna, y le gritó:
- Usura!! Usura!!¿ La cosa tiene cura?
- Si, pero necesita puntos de sutura.
Y les salió una rima.