dimecres, 24 de desembre del 2008

ZAPATOS



Trad:
¡Qué buena compra que he hecho! Es que hay unos cuantos, como el Bush...

Y para quien quiera practicar el tiro de zapato, María (la novia de mi novio) me ha enviado esta chorrada: http://www.zappingmcsaatchi.com/xmas/emailing/ .

Bon Nadal a tothom.

dimarts, 23 de desembre del 2008

LOS CALCETINES DE ARIADNA



Ariadna era una niña muy introvertida, desde que tuvo uso de razón. Apenas hablaba, no tenía amigos y en los juegos de la escuela se quedaba en un rincón, debajo del limonero que había al lado de la fuente. Se quedaba mirando cómo caía el agua e iba formando círculos antes de ir desapareciendo por el desagüe. Los niños la dejaban en paz, entre otras cosas porque no comprendían su peculiar carácter. En clase no abría la boca: a duras penas respondía cuando la maestra, intentando espabilarla, le formulaba preguntas. Sin embargo, eso no era obstáculo para que Ariadna sacara buenas notas. De hecho, era la mejor de la clase con diferencia.
Sus padres estaban muy preocupados con su actitud. No se quejaba nunca, no daba signos de alegría, pero tampoco de tristeza. En el jardín de su casa había otro limonero, y allí se sentaba Ariadna, esta vez mirando absorta Le hicieron un hermanito para ver si así espabilaba. Pues no. Le compraron animales, perro, gato, hasta un loro. Tampoco. La llevaron a numerosos especialistas, pero ninguno atinó a saber exactamente qué tenía la niña.
Así iba pasando el tiempo, y Ariadna continuaba refugiada en el limonero y en sí misma.
Una tarde estaba como siempre, acurrucada bajo el árbol, sumida en sus pensamientos. El fuerte viento que hacía le envió dos calcetines a sus pies. Eran largos, de los que llegan hasta las rodillas, con miles de rayas horizontales de todos los colores. Ariadna, sin saber porqué, sonrió. Se quitó los zapatos, los calcetines grises que llevaba puestos y se los cambió por los nuevos que habían aparecido ante ella como por arte de magia.
En su cara se dibujó una inmensa sonrisa. De repente, le entró tal sopor que allí mismo, bajo el limonero, se durmió profundamente.
Y soñó que volaba, que le crecían unas alas enormes, y veía desde lo alto cómo se alejaba de su pueblo, de su casa, de la escuela, y pasaba planeando rozando el campanario de la iglesia mientras las campanas repicaban con fuerza, como si saludaran a la nueva Ariadna voladora. Y se iba alejando inexorablemente, y cruzó mares y océanos, rojos desiertos, frondosas junglas, y los pájaros se unían a ella en su viaje sin fin, y sobrevoló palacios, ciudades exóticas, y se hizo amiga de las nubes, y su sonrisa cada vez era mayor.
Cuando despertó, se sintió muy feliz. Se levantó y soltó una carcajada que resonó en toda la calle.
El problema que Ariadna tenía, simplemente, era que no había soñado nunca.
A partir de entonces, jamás volvió a dormir sin sus nuevos calcetines.

dilluns, 22 de desembre del 2008

VIVA STALIN




Me gusta ir en tren. Tiene muchas ventajas, para mi gusto:
1. Puedes mirar las formas de las nubes.
Puedes leer.
2. Puedes dormirte sin miedo a tener un accidente (aunque te puedes pasar de estación, como me ocurrió el domingo por la mañana después de una noche tonta).
3. No estás pendiente de si te van a parar los Mossos, omnipresentes en la carretera.
4. Puedes observar a la gente.
Esto último tiene su punto divertido en muchas ocasiones.
Estaba yo casi llegando a mi destino, quedaban dos o tres paradas. A mi lado se encontraba una familia de magrebís: el marido, la madre con su pañuelo en la cabeza, la hija de unos ocho años y la suegra (no sé si de él o de ella) y un par de maletas voluminosas que medio obstruían el pasillo. Me preguntaba si hablarían en darija o en tamasigh*.
Ya me estaba quedando medio frito cuando en una parada subió un anciano. Era diminuto, caminaba con un bastón a duras penas y llevaba una americana del mismo azul que los porteros de las fábricas, un azul tirando a chillón. También se había puesto una gorra americana, de béisbol, del mismo color que la chaqueta. Pasó ante mí, dándome la espalda, y se sentó unos asientos más allá.
Olé sus cojones, pensé, tan mayor y yendo en tren solo.
Al cabo de muy poco tiempo se levantó y se dirigió a la puerta, para bajarse en la siguiente parada. Entonces vi la inscripción que llevaba escrita en la gorra.
En letras grandes ponía:
VIVA STALIN.
¡Coño! ¿Viva Stalin? Me quedé muy sorprendido, la verdad. Pensé que este hombre sería un nostálgico de los tiempos en que el comunismo soviético tenía buena prensa, hasta que se conocieron las barbaridades que ordenó cometer el tío Josif. Me extrañó que llevara este tipo de gorra, ya que no creo que se llevaran en sus tiempos de juventud. Quizás se la trajeran de Cuba… Y por cierto, ¿por qué era azul, y no roja?
Pero el tío allí, en medio del tren, todo ufano con su gorra, su bastón y su americana, mientras movía la boca, como si murmurara, como hacen las personas mayores a las que se les mueve la dentadura postiza. Intenté hacerle una foto con el teléfono, pero como es nuevo y aún no lo pillo bien, no me dio tiempo, pasó ante mí y ya no pude hacerla.
Paró el tren, se bajó a duras penas y se alejó despacito por el andén.

Pues no sé… No sé qué tendrá Stalin, pero dudo mucho que a alguien se le ocurra ir por el mundo con una gorra donde ponga “Viva Hitler”.
Por compararlo con alguien coetáneo con el dictador rojo, digno de él.

* En Marruecos la lengua más hablada es el darija, que es una variante coloquial del árabe clásico. Éste sólo se usa escrito, y en los medios oficiales, como la televisión. El tamasigh (del pueblo amazigh) es el idioma que hablan los bereberes, la gente del Rif y del Atlas. El gobierno marroquí realiza hacia ellos un ejercicio de opresión sistemático, ya que poseen una cultura muy diferente de la oficial, son muy independientes, y ya se sabe que el primer paso es eliminar las señas de identidad de un pueblo (¿a qué me suena esto?), como la lengua. Todo empezó cuando a Hassan II lo recibieron a pedradas cuando hizo una visita al Rif, según me contaron... Pero esa es otra historia.

divendres, 19 de desembre del 2008

BON DANAL (Feliz Nadivad)


Trad:

- VAMOS O QUÉ?

- No. Este año no me va bien. Da recuerdos a todos.

- La crisis, tío. Además, para un año que no pillen no creo que se mueran...

- Ve tú, que lo tienes todo pagado, y no tienes vicios ni nada.


dijous, 18 de desembre del 2008

FRASES




Me topé con Armando en la estación de tren. Es cubano, aunque parece más bien dominicano, y músico, toca el trombón. Siempre va elegantísimo, para su gusto: para el mío, no. Abrigo negro, tejanos negros, zapatos de punta de pico de pato de charol brillantes, también negros, camisa negra, y supongo que, ya puestos, también gayumbos negros. Me resulta raro que un caribeño vaya vestido tan oscuro.
Mientras esperábamos la llegada de nuestros respectivos trenes, charlamos un poco de todo, menos del tiempo. Por una vez, el puto tiempo se quedó en casa.
Me contó que iba a tocar en un garito del Raval, en Barcelona, una sala de baile donde tocan música caribeña. Toca todos los jueves. Me extrañó que, para la hora que era (casi las ocho de la tarde, según el reloj de la estación), era muy pronto para hacer un concierto… Así se lo comenté. Armando me respondió que era una sala que cerraba a las diez de la noche, debido a los vecinos, y a las nuevas ordenanzas municipales, que se dedican a prohibir todo lo que no sea políticamente correcto (odio esta frase). Cada vez hay menos salas de baile y para hacer conciertos.
- Al final las pondrán en un centro comercial, ya verás,-le dije.
Entonces, solemnemente, dejó ir la frase :
- La gente no se divierte.
Cuánta razón tiene, este Armando…

dimecres, 17 de desembre del 2008

FALTA DE RIEGO


Por el Catipén, el programa de radio en el que estoy metido desde hace demasiado tiempo (mi novio me tiene prohibido que lo deje), ha pasado bastante gente. El Rafa, el Alfons, el Jordi…Unos duraron más, otros menos, otros aún continuamos dando la vara todos los lunes.
Si es que alguien nos escucha, claro.
Uno de los personajes que circuló por el programa era el Dolby. Le pusieron este mote porque, según oí una vez, fue de los primeros en su pueblo en tener un equipo de música estereofónico. Otra versión es porque tocaba la guitarra eléctrica, y muy bien, por cierto. Aunque, como era tan disperso, era incapaz de acabar una canción entera. Empezaba la melodía y a los dos minutos se ponía a hacer un solo y desvariaba y desvariaba, hasta que se hartaba.
El Dolby imitaba muy bien a mucha gente, sobretodo al Cruyff. El número de teléfono de su casa, anteriormente, era de una empresa que trabajaba para toda la península. Había muchos clientes que no se sabían el nuevo número, así que llamaban a su casa cada dos por tres. Harto, se compró un contestador, y cada semana cambiaba el mensaje, imitando al ex entrenador del Barça. Lo hacía tan bien que la voz empezó a correr, y llamaba gente de todo el Estado, únicamente para escuchar las burradas que decía.
Un día le comenté si quería participar en nuestro programa, y aceptó. Al principio aprovechábamos su presencia como Cruyff para hacer una mini-tertulia futbolística, pero no acababa de quedar bien la cosa; además pensábamos que él estaba un poco desaprovechado, que podía dar más de sí. Así que le dije que se preparara su propio espacio en el programa, como hacíamos los demás: el Manolo, mi novio (y María, la novia de mi novio) escribía el editorial y entrevistaba a quien le parecía; entre Jordi y yo hacíamos un espacio de westerns antiguos. Aparte, yo también escribía cuentos chorras y surrealistas. Y no sé qué más, ahora no recuerdo.
Pero el Dolby era incapaz de pensar ni prepararse nada, entre otras cosas porque lo suyo no era la escritura, precisamente.
Así que le dije:
- Ya se me ocurrirá algo, para ti.
Y se me ocurrió: pensé en hacerle una especie de test, parecido a estos que hacen los psicoanalistas y psiquiatras (y psicólogos), cuando te muestran dibujos y tienes que comentar qué te sugieren. Lo mismo, pero con palabras.
Escribí la presentación del espacio como si fuera un parte médico, imitando a un psiquiatra argentino, claro (se me da fatal imitar, pero después de mucho ensayar, aún me quedó bien):
“El Hospital de la Santa Compaña comunica que el pasiente en cuestión no sufre de problemas mentales, ni depresiones pasajeras, ni tampoco triquinosis múltiple. El pasiente en cuestión, simplemente, adolese de FALTA DE RIEGO. Así, sin más”.
Algo así, era.
Entonces poníamos música de concentración, solemne, apagábamos la luz del estudio y yo le decía, por ejemplo: TRUCULENTO. Siempre procuraba plantear palabras no habituales, ya que el Estéreo no destacaba precisamente por su amor a los libros, ni por su gran vocabulario. Y soltaba lo primero que le brotaba de su neurona (eso ya se lo decía él mismo), siempre una chorrada de lo más surrealista y monumental. Siempre. Así hasta diez o doce palabras.
Nos tirábamos por el suelo, de la risa. A veces yo no podía ni formularle la pregunta., de tanta lágrima caída.
Cuando se me ocurrió el título, se lo comenté:
- Oye, que tu espacio se va a titular "Falta de riego". ¿Te parece bien?
- ¡Ah, si, si, está de puta madre!

Al cabo de dos semanas, lo vi en el bar de costumbre y me gritó, medio en serio, medio en broma:
- ¡Tú eres un cabrón!


Tardó quince días en pillarlo.

dimarts, 16 de desembre del 2008