Les erupciones strongbolianes es caracterizen per una explosió intermitent de laves basàltiques en forma de paraules, que surten d'un únic cràter. Cada episodi és causat per l'acumulació de lletres volcániques, i succeeixen de forma rítmica uns cops i irregulars d'altres. Els fragments de lava consisteixen en frases volcàniques que són arrodonides quan es disparen volant a través de l'aire.
dimarts, 16 de desembre del 2008
divendres, 12 de desembre del 2008
LOS PASTORCILLOS VAN PA BELÉN

En estos días que se acercan, tan blancos y luminosos, llenos de bondad, alegría y buenos deseos de la peña allá por donde va (también la policía. Llevan, en vez de porra, un ramo de hinojo, y la pistola dispara escupitajos de polvorón), y asimismo de felices reuniones familiares donde aparecen los buenos recuerdos y donde florecen las tradiciones más arraigadas que forman parte de nuestro ser y estar, qué menos que recordar historias y cuentos que hacen alegrarnos un poquito esta vida tan azarosa, intangible, incierta y carvegilística que llevamos.
Eso sí, ya que últimamente la tendencia actual (y no veo que la gente se queje mucho) es la de prohibirlo todo, ¿porqué no suprimen los villancicos de los cojones de las calles? Qué rabia dan, joder…
(Claro que igual entonces sonaría Phil Collins, y entonces serían unas nadivades donde habría una marabunta de suicidios por todas partes, el mío el primero. No sé, no sé, casi que mejor esperemos a que se ahoguen los peces en el río, y así se acaba la canción).
En fin, no empecemos a quejarnos, que es muy pronto.
Ahí va un mítico cuento tradicional nadiveño.
Eso sí, ya que últimamente la tendencia actual (y no veo que la gente se queje mucho) es la de prohibirlo todo, ¿porqué no suprimen los villancicos de los cojones de las calles? Qué rabia dan, joder…
(Claro que igual entonces sonaría Phil Collins, y entonces serían unas nadivades donde habría una marabunta de suicidios por todas partes, el mío el primero. No sé, no sé, casi que mejor esperemos a que se ahoguen los peces en el río, y así se acaba la canción).
En fin, no empecemos a quejarnos, que es muy pronto.
Ahí va un mítico cuento tradicional nadiveño.
Érase una vez unos pastorcillos que se encontraban en la montaña, alrededor del fuego; habían cercado convenientemente el rebaño de ovejas, y estaban apretujados unos junto a otros, puesto que era noche cerrada, fría, típicamente nadiveña (y eso que en aquellos tiempos aún no existía la Nadivad…)
Habían empezado ya a entrar en calor, a comer choricillos, morcillas, foigrases, quesos de varios tipos, longanizas, fuetes y demás manjares que habían en la cesta que le tocó en una rifa a uno de ellos, además de unas ánforas de vino de Canaán cosecha -9 a.C., cuando de repente un inmenso resplandor surgió de entre una colina cercana, dirigiéndose rápidamente hacia ellos. Los pastorcillos se quedaron petrificados. Estaban jiñados, verdaderamente.
La intensa luz se detuvo encima de los árboles adyacentes a la hoguera, y se convirtió en un ángel. Con alas, claro.
Ante el pasmo pastoril, el ángel se arrancó diciendo:
- Hola qué tal comostamos, me llamo Ángel, Ángel Cristo, y estoy aquí no por nada, sino porque he venido a anunciaros que el Ninio Jesús ha nacido esta noche en el portal de Belén, y… Bueno, que tenéis que ir a adorarlo pero ya, si no el Señor va a pillar un cabreo de mil pares de cojones y ya sabéis de la mala leche que se gasta. Recordad el Álamo, digo, recordad el Diluvio y las Plagas de Egipto y tal.
Uno de los pastores, prudente él, iba a preguntarle: ¿Señor qué? ¿No tiene apellido?, pero se lo pensó dos veces.
Los pastorcillos, repuestos a duras penas de la sorpresa, le preguntaron a Ángel Cristo cómo podrían dirigirse a Belén, puesto que no estaban muy puestos en geografía. Cristo (Ángel) les indicó que sólo con seguir a la estrella fugaz que relucía en la noche ya tendrían suficiente, pero, si lo preferían, podían también coger la línea roja y parar en Belén, la estación anterior a Nazareth.
Y si no, que se compraran un GPS. No te jode, pensó, a ver si voy a ser yo la oficina de información.
El Ángel Cristo se esfumó, no sin antes recordar a los pastorcillos que debían llevar al Ninio Jesús unos presentes para adorarlo, que para eso era el hijo de Dios.
Decidieron emprender el viaje siguiendo a la estrella, pues no tenían sestercios para pagarse el abono del metro.
Junto con sus ovejas, los pastorcillos iniciaron el camino. Uno de ellos escogió como regalo un trozo de chorizo; otro, un palillo de cobre, ideal para quitar los restos de papilla de los dientes; otro, una invitación para ir a la misa del gallo del año 23 d.C.; otro, una piedra pómez de la época de Asurbanipal; otro, el más práctico, una oveja enferma de triquinosis; otro, más cachondo, un ejemplar del Private de Galilea, para que el ninio fuera aprendiendo ya de pequeño lo que es la vida; otro, un sujetador de la talla 90, por si le daba de mayor operarse… En fin, cada uno agudizó el ingenio como pudo, pues eran pobres y no podían acercarse a comprar nada en el Corte Hebreo.
El viaje transcurrió sin más sobresaltos que un apagón momentáneo de la estrella, momento de oscuridad que aprovechó el pastor del Private para aliviarse con la oveja que estaba más cañón.
El establo estaba a las afueras de Belén. Cruzaron el pueblo, medio desierto, a esas horas. Al pasar por delante del bar Arimatea, oyeron ruidos de risas, gritos y jolgorio.
- Quizás estén celebrando el nacimiento-, dijo uno de los pastores.
- Bueno, bueno, vamos primero a adorar al ninio este y luego ya nos tomaremos unos copazos-, respondió el de más edad.
Así lo hicieron. Llegaron al establo, que pegaba un pestazo a animal que tiraba para atrás.
Allí se encontraban un buey, un burro y un ñu, durmiendo plácidamente sobre la paja. María, que así se llamaba la madre, estaba haciendo calceta, y el niño se encontraba a sus pies, liándose un porrito dentro de una cesta de mimbre.
- Vaya una madre-, pensó el pastor más de derechas.
Se acercaron, uno a uno, depositando los obsequios a los pies de María. Ésta, sin levantar la cabeza, absorta en su quehacer, agradecía los presentes:
- Gracias, muchas gracias, aunque no entiendo nada, y además no sé de dónde ha salido este ninio, no sé si es mío o qué.
- Pues vaya tela de madre-, volvió a pensar el pastor más de derechas.
El ninio no se enteró de nada, tenía los ojos rojos y no veía un pijo. Acabaron con su misión los pastorcillos, y se volvieron por donde habían venido.
- Perdone, señora, ¿sabe dónde está San José?
María puso cara de incredulidad.
- ¿Ya le han hecho santo? Caramba, qué rapidez. Pues dónde va a estar, en el bar, con Ángel Cristo. Vaya dos…
Los pastorcillos se dirigieron hacia allí.
- Qué, ¿unos lingotazos?
- Pues claro, aún falta mucho para que inventen los controles de alcoholemia para pastores de ovejas.
El garito estaba a rebosar. Las copas iban de un rincón a otro sin parar, el griterío era ensordecedor. Parecía que el CF Nazareth hubiese ganado la Copa del Sanedrín ante el Jerusalén United.
En la barra se encontraba San José, con una turca impresionante:
- El vino que tiene Yahveh, no es blanco ni es tinto ni se puede bebeeeer…-, berreaba el hombre, izando la copa. Según se supo más tarde, el pobre estaba en ese estado por el tema de su paternidad. Si su esposa era virgen, ¿cómo se explicaba que tuviera un hijo? Ante la imposibilidad de comprender tal cosa y para no tener problemas peligrosos con María, optó por ahogar sus penas en el bar Arimatea, propiedad de un tío de Mesala (el de Ben-Hur).
Ángel Cristo estaba subido encima de la barra, haciendo un stríptis que ríete tú de la Kim Basinger, mientra iba rociando a todo el mundo con vino.
Habían empezado ya a entrar en calor, a comer choricillos, morcillas, foigrases, quesos de varios tipos, longanizas, fuetes y demás manjares que habían en la cesta que le tocó en una rifa a uno de ellos, además de unas ánforas de vino de Canaán cosecha -9 a.C., cuando de repente un inmenso resplandor surgió de entre una colina cercana, dirigiéndose rápidamente hacia ellos. Los pastorcillos se quedaron petrificados. Estaban jiñados, verdaderamente.
La intensa luz se detuvo encima de los árboles adyacentes a la hoguera, y se convirtió en un ángel. Con alas, claro.
Ante el pasmo pastoril, el ángel se arrancó diciendo:
- Hola qué tal comostamos, me llamo Ángel, Ángel Cristo, y estoy aquí no por nada, sino porque he venido a anunciaros que el Ninio Jesús ha nacido esta noche en el portal de Belén, y… Bueno, que tenéis que ir a adorarlo pero ya, si no el Señor va a pillar un cabreo de mil pares de cojones y ya sabéis de la mala leche que se gasta. Recordad el Álamo, digo, recordad el Diluvio y las Plagas de Egipto y tal.
Uno de los pastores, prudente él, iba a preguntarle: ¿Señor qué? ¿No tiene apellido?, pero se lo pensó dos veces.
Los pastorcillos, repuestos a duras penas de la sorpresa, le preguntaron a Ángel Cristo cómo podrían dirigirse a Belén, puesto que no estaban muy puestos en geografía. Cristo (Ángel) les indicó que sólo con seguir a la estrella fugaz que relucía en la noche ya tendrían suficiente, pero, si lo preferían, podían también coger la línea roja y parar en Belén, la estación anterior a Nazareth.
Y si no, que se compraran un GPS. No te jode, pensó, a ver si voy a ser yo la oficina de información.
El Ángel Cristo se esfumó, no sin antes recordar a los pastorcillos que debían llevar al Ninio Jesús unos presentes para adorarlo, que para eso era el hijo de Dios.
Decidieron emprender el viaje siguiendo a la estrella, pues no tenían sestercios para pagarse el abono del metro.
Junto con sus ovejas, los pastorcillos iniciaron el camino. Uno de ellos escogió como regalo un trozo de chorizo; otro, un palillo de cobre, ideal para quitar los restos de papilla de los dientes; otro, una invitación para ir a la misa del gallo del año 23 d.C.; otro, una piedra pómez de la época de Asurbanipal; otro, el más práctico, una oveja enferma de triquinosis; otro, más cachondo, un ejemplar del Private de Galilea, para que el ninio fuera aprendiendo ya de pequeño lo que es la vida; otro, un sujetador de la talla 90, por si le daba de mayor operarse… En fin, cada uno agudizó el ingenio como pudo, pues eran pobres y no podían acercarse a comprar nada en el Corte Hebreo.
El viaje transcurrió sin más sobresaltos que un apagón momentáneo de la estrella, momento de oscuridad que aprovechó el pastor del Private para aliviarse con la oveja que estaba más cañón.
El establo estaba a las afueras de Belén. Cruzaron el pueblo, medio desierto, a esas horas. Al pasar por delante del bar Arimatea, oyeron ruidos de risas, gritos y jolgorio.
- Quizás estén celebrando el nacimiento-, dijo uno de los pastores.
- Bueno, bueno, vamos primero a adorar al ninio este y luego ya nos tomaremos unos copazos-, respondió el de más edad.
Así lo hicieron. Llegaron al establo, que pegaba un pestazo a animal que tiraba para atrás.
Allí se encontraban un buey, un burro y un ñu, durmiendo plácidamente sobre la paja. María, que así se llamaba la madre, estaba haciendo calceta, y el niño se encontraba a sus pies, liándose un porrito dentro de una cesta de mimbre.
- Vaya una madre-, pensó el pastor más de derechas.
Se acercaron, uno a uno, depositando los obsequios a los pies de María. Ésta, sin levantar la cabeza, absorta en su quehacer, agradecía los presentes:
- Gracias, muchas gracias, aunque no entiendo nada, y además no sé de dónde ha salido este ninio, no sé si es mío o qué.
- Pues vaya tela de madre-, volvió a pensar el pastor más de derechas.
El ninio no se enteró de nada, tenía los ojos rojos y no veía un pijo. Acabaron con su misión los pastorcillos, y se volvieron por donde habían venido.
- Perdone, señora, ¿sabe dónde está San José?
María puso cara de incredulidad.
- ¿Ya le han hecho santo? Caramba, qué rapidez. Pues dónde va a estar, en el bar, con Ángel Cristo. Vaya dos…
Los pastorcillos se dirigieron hacia allí.
- Qué, ¿unos lingotazos?
- Pues claro, aún falta mucho para que inventen los controles de alcoholemia para pastores de ovejas.
El garito estaba a rebosar. Las copas iban de un rincón a otro sin parar, el griterío era ensordecedor. Parecía que el CF Nazareth hubiese ganado la Copa del Sanedrín ante el Jerusalén United.
En la barra se encontraba San José, con una turca impresionante:
- El vino que tiene Yahveh, no es blanco ni es tinto ni se puede bebeeeer…-, berreaba el hombre, izando la copa. Según se supo más tarde, el pobre estaba en ese estado por el tema de su paternidad. Si su esposa era virgen, ¿cómo se explicaba que tuviera un hijo? Ante la imposibilidad de comprender tal cosa y para no tener problemas peligrosos con María, optó por ahogar sus penas en el bar Arimatea, propiedad de un tío de Mesala (el de Ben-Hur).
Ángel Cristo estaba subido encima de la barra, haciendo un stríptis que ríete tú de la Kim Basinger, mientra iba rociando a todo el mundo con vino.
Los pastorcillos pidieron unas jarras, y pronto se encontraron en su salsa. Como no tenían costumbre de fiesta, en seguida pillaron una cogorza monumental, integrándose perfectamente en el ambiente baril.
A la mañana siguiente, despertaron todos en el establo donde el día anterior había tenido lugar el acontecimiento divino, con una profunda resaca.
Entonces fue cuando se apercibieron de que había desaparecido el rebaño de ovejas. Por mucho que indagaron, no encontraron ni rastro de ellas.
Esto provocó una profunda depresión en todos ellos. Uno de pastor, el del Private, incluso se suicidó, por la pena de no volver a ver a la oveja cañón. Los demás, más fuertes, aguantaron la pena como pudieron, pero ninguno de ellos volvió a ejercer su antiguo oficio, yendo la mayoría de ellos a engrosar la cola del paro.
Porque la crisis ya existía en tiempos de Herodes, no es un fenómeno actual. Y antes, y todo.
De San José y María no se sabe bien qué pasó con ellos. Dicen las malas lenguas que se convirtieron en prósperos ganaderos de ovejas. El Ninio Jesús, por su parte, siguió fumando como un condenado, hasta que, ya de mayor, de tanto hacerlo se le giró la cabeza, dejó el vicio y se puso a predicar y a comer el coco a todo el mundo que se le ponía por delante, así por las buenas.
A la mañana siguiente, despertaron todos en el establo donde el día anterior había tenido lugar el acontecimiento divino, con una profunda resaca.
Entonces fue cuando se apercibieron de que había desaparecido el rebaño de ovejas. Por mucho que indagaron, no encontraron ni rastro de ellas.
Esto provocó una profunda depresión en todos ellos. Uno de pastor, el del Private, incluso se suicidó, por la pena de no volver a ver a la oveja cañón. Los demás, más fuertes, aguantaron la pena como pudieron, pero ninguno de ellos volvió a ejercer su antiguo oficio, yendo la mayoría de ellos a engrosar la cola del paro.
Porque la crisis ya existía en tiempos de Herodes, no es un fenómeno actual. Y antes, y todo.
De San José y María no se sabe bien qué pasó con ellos. Dicen las malas lenguas que se convirtieron en prósperos ganaderos de ovejas. El Ninio Jesús, por su parte, siguió fumando como un condenado, hasta que, ya de mayor, de tanto hacerlo se le giró la cabeza, dejó el vicio y se puso a predicar y a comer el coco a todo el mundo que se le ponía por delante, así por las buenas.
Con los resultados que todo el mundo sabe.
dijous, 11 de desembre del 2008
HORAS

Nueve y media de la mañana.
- Déme hora para el Dr. Gutiérrez.
- Dígame el nombre.
- Ya se lo he dicho, el Dr. Gutiérrez.
- No, que me diga su nombre.
- Gutiééérrez, se lo estoy diciendo.
- Señora, el suyo, el nombre de usted...
- Ah, sí. Sebastiana Bascuñana.
- ¿Y el segundo apellido?
- Garrido. Déme hora a las doce.
- Vale, pues vuelva a las doce y se la doy.
dimecres, 10 de desembre del 2008
dimarts, 9 de desembre del 2008
EL SEÑOR BUENO

Al señor Bueno todo el mundo le llama señor Bueno. Todo el mundo. Sus amigos, vecinos, compañeros de trabajo, Antonia la quiosquera, Vicente el del bar, Ceferino el del estanco…
- Buenos días, sr. Bueno. Paquete de Ducados?
- Dame un cartón, Cefe, así ya no te veo la cara durante unos días.
El estanquero ya conoce el peculiar carácter del sr. Bueno, así que no le da mayor importancia a sus comentarios.
-Bueno, bueno, sr. Bueno, son veinticinco euros.
El sr. Bueno paga y se va sin abrir la boca.
Es hombre de poco hablar, el sr. Bueno.
Sus hijos y su esposa también le llaman señor Bueno, aunque han conseguido quitarle el señor, por aquello de la familiaridad y de la sangre.
- Bueno, a la mesa, que la sopa se va a enfriar!
- Bueno, me dejas el coche? Tengo que ir al Ikea y tu coche me mola más, caben más cosas.
- Bueno, puedes hacerme de canguro esta mañana? Tengo que ir a la pelu…
- Bueno, bueno, Bueno… A que me vas a dar cien euros para que vaya al mercado?
Nadie sabe el nombre de pila del sr. Bueno.
- Oye, tú sabes cómo se llama el sr. Bueno?
- Pues señor Bueno, no?
- No, de nombre.
- Pues ni idea, ya ves tú.
Y el señor Bueno sigue siendo señor Bueno.
El señor Bueno, aunque parco en palabras, sabe escribir. Gracias a esto, conoció a su futura esposa.
Cuando estaba haciendo el servicio militar, tenía un compañero de armas que no era muy ducho en el arte de la escritura. Éste, viendo que el recluta Bueno (supongo que aún no le llamarían señor) tenía facilidad para la pluma (no pensar mal), le pidió que le escribiera las cartas a su novia, la cual vivía en un pueblecito perdido de la provincia de Teruel. El recluta Bueno accedió amablemente, y durante meses redactó cartas de amor a una mujer a la que no conocía, en nombre de su colega.
Cuando acabó el servicio militar, los dos consiguieron un trabajo en Australia. Allí, con el tiempo, el amigo se enamoró de una australiana y se olvidó de la turolense. El ya señor Bueno, mientras tanto, trabajó durante tres años allí hasta que se hartó, y se volvió a España.
Al llegar, recordó las cartas escritas a la antigua novia. Ni corto ni perezoso, agarró un autobús, se presentó en el pueblo de aquélla y le propuso sin más miramientos que, ya que el otro la había plantado y estaba sola, pues que convirtiera en la novia de él.
La moza, que casi no se había movido del lugar donde nació, vio la oportunidad de abandonar la aburrida vida que llevaba, y se imaginó recorriendo medio mundo, conociendo culturas nuevas y esas cosas.
Y aceptó.
Se fueron a Barcelona, la muchacha del pueblo se convirtió en la señora Bueno, y tuvieron dos hijos.
De viajes y aventuras, nada de nada. No se han movido de Barcelona, en treinta años.
- Buenos días, sr. Bueno. Paquete de Ducados?
- Dame un cartón, Cefe, así ya no te veo la cara durante unos días.
El estanquero ya conoce el peculiar carácter del sr. Bueno, así que no le da mayor importancia a sus comentarios.
-Bueno, bueno, sr. Bueno, son veinticinco euros.
El sr. Bueno paga y se va sin abrir la boca.
Es hombre de poco hablar, el sr. Bueno.
Sus hijos y su esposa también le llaman señor Bueno, aunque han conseguido quitarle el señor, por aquello de la familiaridad y de la sangre.
- Bueno, a la mesa, que la sopa se va a enfriar!
- Bueno, me dejas el coche? Tengo que ir al Ikea y tu coche me mola más, caben más cosas.
- Bueno, puedes hacerme de canguro esta mañana? Tengo que ir a la pelu…
- Bueno, bueno, Bueno… A que me vas a dar cien euros para que vaya al mercado?
Nadie sabe el nombre de pila del sr. Bueno.
- Oye, tú sabes cómo se llama el sr. Bueno?
- Pues señor Bueno, no?
- No, de nombre.
- Pues ni idea, ya ves tú.
Y el señor Bueno sigue siendo señor Bueno.
El señor Bueno, aunque parco en palabras, sabe escribir. Gracias a esto, conoció a su futura esposa.
Cuando estaba haciendo el servicio militar, tenía un compañero de armas que no era muy ducho en el arte de la escritura. Éste, viendo que el recluta Bueno (supongo que aún no le llamarían señor) tenía facilidad para la pluma (no pensar mal), le pidió que le escribiera las cartas a su novia, la cual vivía en un pueblecito perdido de la provincia de Teruel. El recluta Bueno accedió amablemente, y durante meses redactó cartas de amor a una mujer a la que no conocía, en nombre de su colega.
Cuando acabó el servicio militar, los dos consiguieron un trabajo en Australia. Allí, con el tiempo, el amigo se enamoró de una australiana y se olvidó de la turolense. El ya señor Bueno, mientras tanto, trabajó durante tres años allí hasta que se hartó, y se volvió a España.
Al llegar, recordó las cartas escritas a la antigua novia. Ni corto ni perezoso, agarró un autobús, se presentó en el pueblo de aquélla y le propuso sin más miramientos que, ya que el otro la había plantado y estaba sola, pues que convirtiera en la novia de él.
La moza, que casi no se había movido del lugar donde nació, vio la oportunidad de abandonar la aburrida vida que llevaba, y se imaginó recorriendo medio mundo, conociendo culturas nuevas y esas cosas.
Y aceptó.
Se fueron a Barcelona, la muchacha del pueblo se convirtió en la señora Bueno, y tuvieron dos hijos.
De viajes y aventuras, nada de nada. No se han movido de Barcelona, en treinta años.
divendres, 28 de novembre del 2008
EL CORONEL Y SU DESPUÉS (I)

Mi bisabuelo, por parte de madre, era militar. Coronel. Murió en 1925, en Alhucemas. Según parece, se dirigía al hospital a hacer una visita a sus soldados heridos en combate, cuando le cayó una bomba encima, y adiós muy buenas. Estuve hace pocos años allí, de vacaciones, pero no vi rastro alguno de él. Ni una pestaña, jo.
El entierro, celebrado en Barcelona, fue multitudinario (lo pone en el Espasa). Hay una calle con su nombre y todo.
Eran tiempos en que era costumbre en las familias meter a los hijos a cursar la carrera militar (ahora, afortunadamente, eso ya se acabó): además de mi bisabuelo, el último general de caballería de Franco era también pariente (un general que tenía como ayuda de cámara al padre de José Luis de Villalonga, según cuenta él mismo en “El sable del Caudillo”) y un famoso compositor de habaneras llegó asimismo a coronel.
Por cierto, qué aburridas son las habaneras. Menudo tostón.
Hasta aquí, todo más o menos normal, si a la guerra de Marruecos se la puede adjetivar así.
Las sorpresas vinieron después del entierro.
Las sorpresas vinieron después del entierro.
Mi bisabuelo dejó una viuda y tres huérfanos. Además, eso también era costumbre, tenía una amante. Un amante, y siete hijos. En total, el coronel tenía diez hijos. La familia oficial, burguesa, clasista y demás, repudió al momento a los hijos ilegítimos, dejando a la amante con una mano delante y otra detrás, con siete bocas a las que alimentar. No sé cómo se las apañó, pero lo hizo.
Así quedaron las cosas, hasta que estalló la guerra civil. En los inicios del conflicto, a la viuda y sus vástagos se los cargaron. Los familiares, por aquello de perpetuar el apellido (dudo mucho que fuera por lástima) recuperaron a los hijos ilegítimos y les cambiaron el apellido, pues antes llevaban el de la madre natural.
A todos menos a uno, ya que había hecho el servicio militar y legalmente les fue imposible hacerlo.
Uno de estos nuevos hijos fue mi abuelo, al que no conocí: murió cuando yo tenía -22 años.
Mi madre, tres.
dimecres, 26 de novembre del 2008
ANDALÚ

El mundo se mueve, y las lenguas con él. Unas evolucionan y se tranforman, creándose nuevas, y otras simplemente desaparecen, bien porque mueren sus últimos hablantes, bien por la presión de otras más mayoritarias, las cuales, por razones económicas y políticas, se acaban comiendo a las pequeñas.
Se calcula que de las seis mil lenguas que se hablan en el mundo, la mitad están en peligro de extinción.
Da la impresión de que la tendencia sea que todo el mundo acabe hablando en inglés o castellano… Aunque, ahora que lo pienso, existe un posible rival a estas dos, que es el chino (el mandarín, ya que en China hay muchas otras lenguas). Quizás todo esto sea comparable a la política actual, donde se fomenta descaradamente el bipartidismo, cosa que me parece un verdadero disparate, sobretodo porque excluye a todo el que tiene otra opción que no sea la de los dos partidos que dominan el cotarro.
O blanco, o negro.
Y el gris marengo, qué?
Por eso se agradecen iniciativas como ésta. Lo he leído en el 20 minutos (que debería titularse 5 minutos):
Kon identidá propia. “Lah normah gráfikah ke ze prehentan en ehte dokumento zon, komo reza er zuhtítulo, una propuehta, abierta y flezible, pa empezá a trabahá”. Azí komienza la propuehta de normah ortográfika pal andalú, elaborá por el ehkritor Huan Porrah, de la Zoziedá pal Ehtudio’el Andalú. Una beintenah de personah trabaha en Andaluzía por “conzervá nuehtro legao kurturá”, azegura Guadalupe Bahkeh, de la zoziedá. “Keremoh azé dezaparezé la idea de ke lo andaluzeh ablamoh malamente el kahteyano. Hablamoh andalú”, komenta.
La Zoziedá ehtá kompuehta por ezkritoreh, antropólogoh, lingüihtah… Kada doh’z añoh ze reúne. La úrtima zita tubo lugá en Marxena (Zebiya), pa debatí propueztah ortográfica elaboráh por argunoh de zuh integranteh.
Se calcula que de las seis mil lenguas que se hablan en el mundo, la mitad están en peligro de extinción.
Da la impresión de que la tendencia sea que todo el mundo acabe hablando en inglés o castellano… Aunque, ahora que lo pienso, existe un posible rival a estas dos, que es el chino (el mandarín, ya que en China hay muchas otras lenguas). Quizás todo esto sea comparable a la política actual, donde se fomenta descaradamente el bipartidismo, cosa que me parece un verdadero disparate, sobretodo porque excluye a todo el que tiene otra opción que no sea la de los dos partidos que dominan el cotarro.
O blanco, o negro.
Y el gris marengo, qué?
Por eso se agradecen iniciativas como ésta. Lo he leído en el 20 minutos (que debería titularse 5 minutos):
Kon identidá propia. “Lah normah gráfikah ke ze prehentan en ehte dokumento zon, komo reza er zuhtítulo, una propuehta, abierta y flezible, pa empezá a trabahá”. Azí komienza la propuehta de normah ortográfika pal andalú, elaborá por el ehkritor Huan Porrah, de la Zoziedá pal Ehtudio’el Andalú. Una beintenah de personah trabaha en Andaluzía por “conzervá nuehtro legao kurturá”, azegura Guadalupe Bahkeh, de la zoziedá. “Keremoh azé dezaparezé la idea de ke lo andaluzeh ablamoh malamente el kahteyano. Hablamoh andalú”, komenta.
La Zoziedá ehtá kompuehta por ezkritoreh, antropólogoh, lingüihtah… Kada doh’z añoh ze reúne. La úrtima zita tubo lugá en Marxena (Zebiya), pa debatí propueztah ortográfica elaboráh por argunoh de zuh integranteh.
Pues me parece perfecto, hala.
Cómo me he reído esta mañana, madre. Me haré zocio de la zociedá, aunque luego hable andalú con acento catalán.
Pero sabré una lengua más.
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